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 El Rey de los toreros: Joselito, biografía (II)

El Rey de los toreros: Joselito, biografía (II)

18 Mayo 2020

El Rey de los toreros: Joselito, biografía (II)

 



 

La temporada del 20 transcurría con éxito, como por otra parte era normal. El día 15 de mayo frente a un público hostil que se mostró injusto con él ante un pésimo ganado, llegó a insinuar a Belmonte, compañero de cartel, la posibilidad de verse menos en el mismo ruedo. Al día siguiente actuaba en Talavera de la Reina, Toledo, en la Fiestas de las Mondas, a pesar de la oposición de la empresa de Madrid que también lo quería contratar para ese día, problema que finalmente solucionó. El festejo era organizado por los hijos de la ganadera Señora Viuda de D. Venancio Ortega, de quien serían los toros a lidiar. En principio los titulares eran Matías Lara “Larita” y Sánchez Mejías.

 

Tras la caída del primero Joselito se acartela por su simpatía con una plaza donde nunca había toreado y que su padre había reinaugurado en 1890; otro posible motivo, cuentan, que por amistad con el crítico de ABC D. Gregorio Corrochano, hermano de la ganadera y tío de los empresarios, a pesar de que los honorarios no eran muy altos, apenas 5.000 pesetas. El caso es que en el trayecto de los toros de la finca a la plaza uno se lesiona, siendo sustituido por otro de nombre “Bailador”. Vestía de grana y oro. Su primero lo lidió bajo este brindis: "Brindo por el presidente, por su distinguido acompañamiento, y por el pueblo de Talavera, donde tenía muchas ganas de torear, porque esta plaza la inauguro mi padre, por cuya memoria también brindo".

 

 

                         Carroza que los trasladó en Madrid

Tras la lidia del cuarto toro, José sólo había destacado en el tercio de banderillas de este último por invitación de Sánchez Mejías. Salió el quinto de la tarde de nombre Bailador, negro, pequeño, cornicorto, mansito con peligro y burriciego. Tras montar cierto revuelo y descabalgar a cuanto picador intentaba hacer su trabajo, Gallito manda taparsea su cuñado el Cuco y lo cita, el toro no embiste, al retirarse de la cara se le arranca sin tiempo para darle salida. Lo coge de lleno, lo eleva al aire por el muslo donde le infringe una cornada y en la caída le introduce el pitón hasta la cepa por el bajo vientre. Los intestinos los lleva fuera, camino a la enfermería pide venga su médico de Madrid, el Dr. Mascaré, le dio un colapso y se desmayó. La herida es mortal, el abdomen lo lleva destrozado además de arterias, entre ellas la aorta, que lo desangran. En la enfermería, sin posibilidad de operación, el forense de Talavera certifica su muerte veinte minutos después, tras un schock traumático, esto es a las siete y cinco de la tarde. Del cuello le retiran una foto de su madre y una medalla de la Esperanza desformada de un pitonazo en San Sebastián. Había toreado 669 corridas y matado 1539 toros.

 

Un tren especial trasladó su cuerpo hasta Madrid, a su paso por distintos pueblos la gente agachaba la cabeza en señal de respeto. Ya en la capital, el seguimiento fue masivo y conducido en una carroza estilo barroco de ébano entre estaciones, la misma que dos años después lo haría con Manuel Granero y que hoy se encuentra en el Museo de Carruajes fúnebres de Barcelona en el cementerio de Montjuïc. A su paso, todo tipo de personalidades mostraron sus condolencias, gente de las artes, de las ciencias, de las letras, políticos y del pueblo.

 

Joselito fue hermano de la Esperanza Macarena, sin duda empujado por la devoción que le profesaba la señá Gabriela. Gran mecenas, llegó a ostentar varios cargos en su Junta de Gobierno siendo Consiliario segundo en el momento de la tragedia. Con la Esperanza de luto en San Gil, donde por entonces tenía culto, y a pesar de la oposición del Cardenal Almaraz, los funerales tuvieron lugar en la Catedral de Sevilla, algo impensable reservado para Papas y Reyes, gracias a un artículo publicado el día antes en el Correo de Andalucía por su amigo el Canónigo Juan Francisco Muñoz y Pabón.

 

 Se cuenta la anécdota de que para trasladar su cadáver hasta el cementerio de San Fernando se pensó la posibilidad de hacerlo en el paso de la Macarena, a lo que el párroco de San Gil exclamó “Que barbaridad que blasfemia, llevar a José en el paso de la Señora”  y continuo “Hombre si por lo menos hubiera sido Belmonte la cosa sería distinta”.

 
Sergio Pérez Aragón
 

El Rey de los toreros: Joselito, torero de Oro (I)

 

 

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