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El presidente deja en una oreja el premio al espectáculo de Fandi

El presidente deja en una oreja el premio al espectáculo de Fandi

10 Octubre 2018

Zaragoza, 6ª de Feria. Más de dos tercios de plaza. Tres toros de Hnos. García Jiménez, dos de Olga Jiménez (3º y 5º) y uno de Peña de Francia (1º), muy desiguales de presentación: vareados y de justo trapío los tres primeros, con volumen, hondura y kilos los últimos. De juego también dispar, destacaron por nobleza y calidad primero y cuarto, así como el encastado segundo. El resto, bajos de raza y de fondo.



El Fandi, vuelta tras petición y oreja con petición de la segunda.
López Simón, silencio y oreja tras aviso.
Ginés Marín, silecio y ovación.

Enfermería: Antonio Manuel Punta fue atendido en la enfermería de un "fuerte traumatismo en el hombro derecho, de pronóstico reservado".

El presidente de la corrida, que denegó la concesión de dos de las tres de las orejas que el público pidió para El Fandi, redujo a un escaso trofeo el premio al espectáculo que, ante un buen lote de toros de García Jiménez, este desplegó en todos los tercios durante el festejo de hoy de la Feria del Pilar.

Sin entrar en calidades muy difíciles de encontrar, y menos aún en el toreo de muleta, es indudable que el veterano torero de Granada echó el resto en su vuelta a la plaza de Zaragoza, donde tuvo la suerte de cara con sendos toros de la ganadería de su apoderado que le permitieron casi todo.

Ya al primero, que tuvo detalles de manso en los primeros tercios, pero rompió a embestir finalmente con una profunda y entregada calidad, David Fandila lo fijó suavamente de capote tras una larga cambiada de rodillas, para rematar los lances con media en los medios, también de hinojos.

Después llegaría un vistoso tercio de banderillas, que el matador cumplió con facilidad antes de abrir el trasteo también en los medios y con las dos rodillas en tierra, ya con el toro siguiendo la muleta con el hocico por la arena en lo que el granadino convirtió en una especie de noria sin fin.

Evidente y manifiesta la gran calidad del toro, quedó más en entredicho la de El Fandi, dado a un muleteo destajista, ampuloso y superficial que también por continuo y bullidor fue del agrado de la masa, tanto como para que se le pidiera con fuerza una oreja a pesar de la defectuosa colocación de la estocada. Y probablemente a eso se agarró la presidencia para negársela.

Visiblemente contrariado, el de Granada salió a resarcirse con el cuarto, que con sus 607 kilos a cuestas tomó con bríos las dos largas cambiadas de saludo, las amplias verónicas, el galleo por chicuelinas y el vertiginoso quite por navarras con que su matador volvió a llevarse el aplauso de la mayoría.

De nuevo en banderillas, la parte mollar de su puesta en escena, El Fandi puso los tendidos en ebullición con cuatro pares espectaculares, al final de los cuales paró al toro corriendo a cuerpo limpio y puso los tendidos en pie.

Un fuerte puyazo y tanto esfuerzo en los primeros tercios apagaron un tanto la buena condición del animal, que aun así mantuvo una dócil nobleza que El Fandi utilizó para hacerle una faena ramplona, plagada de alardes y de guiños al tendido buscando su complicidad.

Hasta que una buena estocada, esta vez en su sitio, motivó ahora la petición de dos orejas, en un intento de compensar la negativa del toro anterior, pero el presidente, con férreo criterio, se mantuvo en su sitio para conceder esa única que finalmente paseó Fandila, y que pareció un premio más equilibrado a tenor de lo visto.

Menos peso tuvo, en cambio, el trofeo concedido a López Simón en el turno siguiente, de otro torancón que acabó aplomándose después de defenderse con poco celo y al que el madrileño hizo una faena de opaca insistencia, solo resuelta para la galería con un dilatado final de alardes en la corta distancia.

Antes, López Simón no había llegado a acoplarse a la más exigente movilidad del segundo de la tarde, que exigía más mando y más pulso que el que aplicó el diestro a lo largo de un trabajo amontonado, rígido y con poca expresividad.

Ginés Marín, por su parte, reapareció en Zaragoza tras la herida sufrida en el lado derecho del rostro hace unos días en la feria de Otoño de Madrid. Con un apósito cubriendo la cicatriz de la "cornada de espejo", el extremeño se enfrentó al lote más deslucido de la corrida, por parado y falto de clase, sin encontrar eco más que en momentos aislados con el que cerró plaza.

EFE - Paco Aguado
 



 






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