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Diego Ventura, cinco orejas y un rabo por una memorable antología del rejoneo

Diego Ventura, cinco orejas y un rabo por una memorable antología del rejoneo

09 Junio 2018

Madrid.Seis toros de Los Espartales, despuntados para el rejoneo, con cuajo y bien presentados, aunque muy justos de encornaduras, y de juego descastado en general, entre los que destacó la nobleza y la calidad del sexto.



Andy Cartagena, de chaquetilla corinto: pinchazo y rejonazo contrario (oreja); rejonazo trasero (palmas tras leve petición); y rejonazo trasero (oreja).

Diego Ventura, de chaquetilla gris perla: rejonazo trasero (dos orejas); rejonazo trasero (dos orejas y rabo); y pinchazo, rejonazo trasero barrenando y descabello pie a tierra (oreja y vuelta al ruedo con el mayoral de la ganadería).

Cartagena y Ventura salieron a hombros por la Puerta Grande.

Tregésimo festejo de abono, y penúltimo de la feria de San Isidro, con lleno en los tendidos (22.809 espectadores, según la empresa), en tarde fresca.

 


El hispano-luso Diego Ventura protagonizó este sábado en Las Ventas una memorable y clamorosa antología de toreo a caballo, que además alcanzó cotas históricas al cortarle al cuarto toro de Los Espartales el primer rabo que pasea un rejoneador desde que hace 87 años se inaugurara el coso madrileño.

Pero, con todo lo que supone la obtención de ese hasta ahora inédito trofeo, lo de menos puede que sean las marcas que Ventura sigue alcanzando en Las Ventas –la de este sábado fue su décimo sexta salida a hombros en Madrid– y hasta las cinco orejas que paseó además del apéndice caudal, pues lo realmente memorable fue el pletórico nivel de toreo que alcanzó en sus tres faenas de este mano a mano.

Podría incluso asegurarse que la faena del rabo fue tal vez la menos redonda, en comparación con las sobresalientes lidias que aplicó con el segundo y el sexto toro de Los Espartales, en las que sobresalieron tanto su excelente cuadra como su ambición, su dominio de la lidia y su ajustadísima manera de embrocarse para clavar banerillas en todo lo alto.

La plaza entera se puso en pie ya cuando con el castaño Nazarí Ventura llevo cosidas al estribo las embestidas del primero durante una elipse que abarcó una vuelta y media al ruedo venteño, haciendo que el animal, descastado y falto de entrega, no tuviera más remedio que someterse a la enfibrada faena que le valió las dos primeras orejas.

Luego llegaría el «lío» del cuarto, al que recibió con la garrocha a porta gayola, templando sus primeros arreones, antes de que Fino, sin intención de clavar por parte del rejoneador, le cuajara un quiebro tan limpio como escalofriantemente apretado.

Desde ese mismo momento el publicó vibró sin descanso con la manera de torear, en el amplio sentido de la palabra, del jinete sevillano, que llevó dónde y como quiso a Biemplantao para preparar cada suerte y clavar con total ajuste y precisión.

Y en esas salió Dólar, otra de las estrella de su cuadra, al que Ventura quitó el cabezal para, después de dos pasadas en falso, clavarle, guiándole solo con las piernas, un soberbio par de banderillas a dos manos que convirtió los tendidos en un auténtico manicomio.

Solo se hizo el silencio cuando tocaron a matar y el jinete de la Puebla llegó despacio hasta la cara del toro para acabar tumbándolo de un contundente rejonazo, adornándose en la agonía del ejemplar con el que iba a hacer historia una vez que el presidente, Gonzalo de la Villa, ante la insistente petición del público asomó por tres veces su pañuelo blanco por la balaustrada del palco.

Claro que, de no haber pinchado una vez con el hierro de muerte, bien podía haber repetido hazaña Ventura, porque lo que le hizo al sexto, el único con clase y buen galope de los seis, aún enardeció más a los tendidos.

Otro soberbio y largo galope de costado con el infalibe Nazarí, con el que clavó banderillas en corto y por derecho, dos apuradísimas batidas con Lío y tres banderillas cortas clavadas al violín con “Remate” hicieron que la plaza le coreara el merecido grito de «¡Torero, torero!».

Y, aún más, que le pegara unos cuantos olés cuando, tras un pinchazo y un rejonazo, echó pie a tierra y se adornó con gracia con la muleta para cuadrar al toro y atronarlo con el descabello, dejándolo todo en una oreja de ley.

Ante tal despliegue de torería, oficio, doma y valor de Ventura y su cuadra, lo que hizo Andy Cartagena quedó en muy segundo plano. Voluntarioso y buscando las palmas con los alardes de doma y los guiños a la galería, el alicantino también cortó dos orejas y salió a hombros junto a Ventura, aunque como protagonista de un espectáculo de categoría totalmente distinta. Casi opuesto.EFE
 



 






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