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Gonzalo Caballero se reivindica a base de buen toreo en su gesta solidaria

Gonzalo Caballero se reivindica a base de buen toreo en su gesta solidaria

07 Octubre 2017

Torrejón de Ardoaz (Madrid) Toros, por el siguiente orden, de: La Palmosilla, noble y flojo; Jandilla, bueno; Fermín Bohórquez, manejable por el izquierdo; Fernando Peña, mansito y a más en la muleta, de nombre "Lucerillo", premiado con una exagerada vuelta al ruedo; Parladé, sin clase y deslucido; y otro de Fermín Bohórquez, manejable. La plaza registró casi tres cuartos de entrada en tarde calurosa.



Gonzalo Caballero, de blanco y plata: gran estocada (dos orejas), media delantera y desprendida, y descabello (oreja); pinchazo, media caída y descabello (ovación tras aviso); estocada desprendida (dos orejas tras aviso); pinchazo, estocada y nueve descabellos (silencio tras aviso); y cuatro pinchazos, estocada trasera y dos descabellos (silencio tras aviso).

En cuadrillas, Fernando Martín y Curro Robles saludaron en el tercero y cuarto, respectivamente. Actuaron como sobresalientes Domingo Silva y Paquiro.

Al finalizar el paseíllo se guardó un minuto de silencio en memoria de Victorino Martín y Dámaso González.

Un total de cinco orejas ha sido el triunfal balance de la encerrona solidaria de Gonzalo Caballero en Torrejón de Ardoz (Madrid), aunque, más allá de trofeos, lo verdaderamente importante ha sido la dimensión ofrecida por este joven madrileño, que se reivindicó a base de buen toreo.

POR EL CAMINO DE LA AUTENTICIDAD

De siempre se ha dicho que el que no entiende de mentiras toreando suele ser carne de cañón. La verdad al colocarse y el compromiso a la hora de pisar los terrenos suelen traer consigo un peaje demasiado duro y, casi siempre, muy injusto.

Este es el caso de Gonzalo Caballero, un torero que sólo conoce el camino de la rectitud y la autenticidad para tratar de alcanzar sus sueños. Sus formas deberían servirle. Sólo queda que los toros le respeten un poco más y que las empresas cuenten más con él.

El de hoy en era su cuarto paseíllo de la temporada con seis toros en solitario, y, por si fuera poco, con fines altruistas, ya que todos los beneficios recaudados van para la Fundación "Aladina" en la lucha contra el cáncer infantil.

Una enfermedad, que, desgraciadamente, conoce bien. Se llevó a su padre a primeros de año. Demasiado injusto para un chico de tan sólo 23 años. Por eso mismo quizás éste haya sido el detonante para que hoy mostrara su lado más solidario. Gesto de máxima responsabilidad sin ánimo de lucro que remarca la clase de persona que también es.

Sus paisanos torrejoneros no le fallaron. Casi tres cuartos de entrada y muchísima gente joven, entre ellos el futbolista Iker Muniain o los hijos de la infanta Elena: Victoria Federica y Felipe Juan Froilán de Marichalar y Borbón.

Flojito y noble a partes iguales el "novillote" de La Palmosilla que abrió plaza, al que Caballero diseñó una faena que aunó temple, empaque y buen gusto. La soberbia estocada final ya por sí sola era de premio, mas la gente le pidió las dos, que el usía no tardó en conceder.

El "jandilla" que hizo segundo tuvo, además de mejores hechuras, más motor y clase. Caballero alternó ambas manos para estructurar una elegante labor, muy relajado y corriendo la mano con soltura para rematar los muletazos con extraordinaria hondura, sobre todo al natural. Faltó contundencia con los aceros pero, así y todo, obtuvo otra orejas más.

El tercero, de Bohórquez, fue toro incómodo y rebrincado por el derecho, aunque tenía guardado un "caramelo" en forma de un gran pitón zurdo, por donde Cabalero extrajo pases a cámara lenta y de exquisito trazo dentro de una faena malograda con la tizona.

En el cuarto, de Fernando Peña, intercaló largas cambiadas, lances genuflexos y quite por chicuelinas ante un astado que, pese a mansear de salida, se vino arriba en la muleta. Caballero volvió a imprimir mucha suavidad y pulso para estructurar una entregadísima faena, plena de torería y sabor, y abierta y abrochada de hinojos. Dos orejas sin discusión y benévola vuelta al ruedo para el toro.

El quinto, de Parladé, fue el garbanzo negro del envío. Un animal reservón, sin clase y nada franco, con el que Caballo hizo el esfuerzo para acabar pasando un calvario con el descabello, volteretas y tarascadas incluidas.
Javier López - EFE





 






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