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Ante toros de triunfo, los jinetes se van de vacío en la primera de rejones

Ante toros de triunfo, los jinetes se van de vacío en la primera de rejones

14 Mayo 2017

Madrid. Seis toros de Benítez Cubero (3º y 4º con el hierro de Pallarés), despuntados para rejones, correctamente presentados y, aunque desiguales de pesos, todos de baja alzada y rematados de carnes. Los tres primeros resultaron bajos de raza y reservones, mientras que los últimos dieron un juego excelente por su bravura y clase. Cuarto festejo de abono de la feria de San Isidro, con más de medio aforo cubierto (14.631 espectadores), en tarde de buena temperatura

Andy Cartagena, de chaquetilla azul marino: pinchazo y rejonazo delantero (ovación); tres pinchazos y rejonazo fulminante (ovación).
Sergio Galán, de chaquetilla gris perla: dos pinchazos, rejonazo trasero y descabello pie a tierra (silencio); metisaca contrario, rejonazo contrario y descabello pie a tierra (vuelta al ruedo tras petición).
Manuel Manzanares, de chaquetilla gris marengo: pinchazo y medio rejón (silencio); cuatro pinchazo y rejonazo contrario (silencio).
 



Los tres jinetes que actuaron hoy en la primera corrida de rejones de la feria de San Isidro no consiguieron cortar una sola oreja a ninguno de los tres bravos y excelentes toros lidiados en la segunda parte del festejo, bien por sus pocos aciertos lidiadores o por sus fallos con el rejón de muerte.

MÁS CAPOTAZOS QUE REJONEO

Que hubo tres excelentes toros entre los de Benítez Cubero lidiados hoy para rejones en Madrid lo demostraron las constantes intervenciones de los banderilleros, a los que en esta especialidad taurina se denomina auxiliadores.

De tanto como salieron al ruedo a pegar capotazos en cada cambio de caballo de sus jefes de fila, es decir, al menos cuatro veces en cada toro, se pudo ver claramente la condición de cada uno de los ejemplares del hierro sevillano.

Y así, lo que supone un demérito para el rejoneador -que su auxiliador tenga que encargarse a pie de lo que él debería hacer a caballo- fue una pista clara para que el aficionado apreciara la gran clase, sobre todo, del quinto de la tarde, pero también el galope rítmico del cuarto y el recorrido y la entrega en la embestida del sexto.

Así que, con esos datos en la mano, se puede asegurar que a Andy Cartagena le faltó clavar con más sinceridad las banderillas ante el cuarto, al que, este sí, paró dándole auténticos lances con la cola de su caballo "Mediterráneo" y luego lidió con más cercanía y temple que a la hora de coronar las suertes.

Pero fue sobre todo con sus alardes de doma -como su forma de andar con el caballo de manos al estilo de las fiestas menorquinas- con los que el de Benidorm calentó lo suficiente al desestimulado tendido como para que le hubieran pedido una oreja de no haber marrado con el rejón de muerte.

Antes, con el primero, Cartagena también hizo gala de su experiencia a la hora de lidiar para que el de Cubero no le pusiera en apuros con su reservona actitud.

De parecido comportamiento fue el segundo de la tarde, que midió y cortó sus arrancadas a los caballos de Sergio Galán, que se mostró igual de solvente para hacerse con él.

Pero, para su fortuna, el conquense se encontró después con el mejor astado de la corrida, ese quinto con una calidad suprema tomando los engaños de la que disfrutaron tanto el rejoneador como sus auxiliadores con el capote.

Salvo ese demérito de las constantes ayudas, como siempre se consideró en el rejoneo más clásico, Galán le hizo a ese astado el toreo más ortodoxo de la tarde, llevando siempre las embestidas a centímetros la grupa a la hora de torear y lidiando y atacando con pureza para clavar.

Fue la suya una faena a más, pues la remató con dos soberbios pares de banderillas a dos manos en los que brilló la despaciosa frontalidad con que ejecutó la suerte, pero mal finalizada con el acero definitivo, por lo que el jinete castellano-manchego hubo de conformarse con una vuelta al ruedo tras la petición de oreja no atendida por la presidencia.

Manuel Manzanares también se encontró en su lote con uno de esos tres toros destacados de la tarde, un sexto tan bajo de alzada como todos sus hermanos sólo bastante más pesado, lo que no fue óbice para que se arrancara con alegría y entrega a cada cite, de manera incansable.

Y tanto a este como al aplomado primero los lidió el rejoneador alicantino bajo un mismo patrón: poco toreo y poca consistencia lidiadora y muy escaso ajuste al clavar rejones y banderillas, siempre una considerable y prudente pero desaconsejable distancia entre el toro y sus cabalgaduras que demeritó toda su actuación. 


EFE - Paco Aguado



 






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