José Cándido

"En er Puerto  er Cándido
y ayi remató su fin;
le mató un toro de Bornos
por librá a Chiquilin...."


Así reza la copla popular. Y es verdaderamente triste que, casi a los comienzos de nuestra historia, tengamos que ensombrecer el relato con la página trágica de la muerte de un torero.

José Cándido fue uno de los matadores más famosos de su tiempo. Un tiempo ciertamente nada fácil para destacar, pues era el de los Romeros, los Palomos,«Martincho», y tantas otras figuras con las que el Cándido alternó repetidas veces.

Muchos aficionados a la historia de la Fiesta, tienen a este torero como natural de Chiclana; pero debió de nacer en Cádiz, pues el 30 de noviembre de 1734 fue depositado en la Casa de Expósitos de Santa María Magdalena de esta capital. Recogido por una familia con residencia en San Roque, pasó con ella a dicha población, trasladándose más tarde a Chielana donde se avecindó Aquí, pues, creció y se hizo muchacho José Cándido; pero no fue éste su lugar de nacimiento.

Desde niño se aficionó al toreo, y pronto formó en la cuadrilla de Lorenzo Manuel Rodríguez «Lorencillo», de quien aprendió el oficio, sobresaliendo tan pronto en él, que el 25 de mayo de 1758 hacía su presentación en Madrid, tomando la alternativa de manos del matador Diego del Alamo «El Malagueño». No fue afortunada esta tarde, pues «Capitán», el toro de su alternativa, le derribó al dar un pase, por lo que hubo de retirarse sin poder terminar con él.

Toreó en las principales Plazas de España, que por aquellos años se iban prolificando por todo el territorio nacional, y pronto alcanzó el favor de los públicos, que admiraban en él sus raras condiciones de serenidad, valor, y una sin igual ligereza que le permitía repetir una y otra vez la entonces famosa suerte, aunque no de famosa suerte, aunque no de su invención, como se le atribuye del salto de testuz, que consistía en pasar por lo alto del toro, de cabeza a pies, apoyando previamente el pie en la testuz de la fiera para lograr el impulso necesario.

También se le atribuye equivocadamente la invención de la suerte del puñal, que aprendió del limeño Mariano Zeballos, quien por cierto la practicó por primera vez en la Plaza del Puerto el 5 de agosto de 1770, día en que, con Sebastián Jorge y Vicente Bueno, actuaba como espada nuestro José Cándido. Esta suerte utilizaba para realizarse un simple sombrero.redondo, de los que antes se usaban, y que todavía figura en la actual indumentaria de los picadores, con el que se citaba a la res, y se la pasaba cual, si fuera una muleta, y al cruzarse toro y torero, éste lo apuntillaba con el puñal que esgrimía en la diestra.

La fama que el Cándido obtuvo practicando estas dos suertes fue inmensa, y si una y otra eran buena prueba de su valentía, no lo eran menos de su agilidad y acierto.
Todo ello vino tristemente a acabar aquel trágico 23 de junio de 1771. Y el escenario fue la Plaza del Puerto de Santa María.

Se celebraban las fiestas de San Juan, en este año nada menos que con tres de las diez corridas de la temporada, que era la tercera desde que se inaugurara la nueva Plaza del Ejido de San Francisco. La primera de ellas, la del 23, sexta de la temporada resultó pródiga en incidencias y la vida de José Cándido tuvo en esta jornada el fatal desenlace que ya conocemos.

Llegó por fin el día de la corrida, de ese funesto 23 de junio de 1.771, en que se iban a lidiar los concebidos diez toros de una ganadería jerezana que no conocemos, pero que sin duda procedía de Jerez.
 
Todos fueron, verdaderamente, bravíos, nerviosos, acometedores. Buena lidia dieron el primero y el segundo, muriendo ambos a manos del Cándido, según nos dice el cronista versificador. Aún les superó en fiereza el tercero, un jabonero inquieto y poderoso, que dio muerte a cinco caballos, antes de caer, también él, «a los filos del mejor Cándido estoque». Igual o parecida suerte corrió el cuarto, y seguidamente hizo su salida el quinto.

Habían sacado al medio del redondel una especie de carro triunfal tripulado por un hombre y una mujer, que al parecer pretendían clavar rejones al toro, y a los que acompañaba a guisa de escolta, una pequeña tropa de pajes, lacayos y escuderos. El cornúpeta se lanzó como una fiera sobre el extraño aparato, desbaratando en un santiamén la retórica comparsa, derribando por los suelos la triunfante carroza y aún hiriendo a la aguerrida dama, a la que atravesó una pierna con un pitón.

Tan fiero era el morlaco en sus acometidas, que puso en grave aprieto al picador Diego Sánchez, el cual, violentamente descabalgado de su jaco, y en crítica situación entre caballo y toro, debió su salvación al providencia¡ capote de Vicente Bueno, que desde un andamio lo arrojó a la desesperada.

Mas el extraño quite estuvo a punto de causar mayores daños, ya que el enfurecido animal, atraído por el movimiento del torero, tomó un poderoso impulso y saltó buscándole, sobre las tablas, a lo alto del tendido. Afortunadamente quedó agarrado en difícil posición entre unos tableros que a su peso se partieron, evitándose así lo que pudo haber sido una gran desgracia. Allí mismo tuvo que ser muerto, cogido en el fatídico cepo.




Con la excitación general que es de suponer, el público esperó la salida del sexto de la tarde. Fue un toro cárdeno, enorme, de largos y afilados pitones, que irrumpió en el redondel, síntomas ninguno de ellos precisamente de bravura, Era un toro, pues, fiero, mas no bravo: sumamente peligroso, por eso mismo. Como primera providencia, derribó aparatosamente al picador Coriano a quien hizo el quite el banderillero Juan Barranco, que siendo a su vez perseguido por el toro, fue la causa involuntaria de lo que en seguida vino a pasar

Porque el Cándido, dándose cuenta del peligro que corría, se adelantó con el capote, librándole de una segura cogida; pero con tan mala fortuna para él mismo, que dando un res balón, al pisar sin duda la sangre dereplica watches un caballo muerto, cayó al suelo, dándose tan tremendo golpe n la cabeza que, al parecer, quedó sin sentido, o bien, notando la presencia inmediata de su enemigo. optó por una posición de incompleta inmovilidad.

Ya no hubo nada que hacer. Fue recogido y trasladado inmediatamente a un lugar apartado de la impresionada muchedumbre -entonces no tenían las Plazas de Toros las más imprescindibles instalaciones sanitarias que no fue otra cosa sino un chiquero; mandaron presto a por médicos, y avisaron a los más acreditados de Cádiz, pero viéndolo que ya se moría, pidieron los Divinos Auxilios, que, tras conmovedora confesión, le fueron administrados. Aún tuvo serenidad suficiente para dejar manifiestas sus últimas voluntades.

"dejando en su testamento que les repartan a los pobres cuanto consigo traía de oro, plata, ropa o cobre; mil misas para su alma y a sus hermanas un dote de tres mil y mas reales, que fue acción de sus acciones.
Todo su caudal y hacienda, casas, viñas, posesiones, vacas, bueyes, yeguas, cabras, cinco mil y más doblones en dinero, y otras cosas de alhajas muy superiores, le dejó a puerta cerrada sin que hubiese opositores, a su mujer y a su hijo, que por albaceas pone...."

Cuando los médicos que a Cádiz habían mandado avisar, llegaron a la casa a la que desde la Plaza había sido trasladado el agonizante espada, ya no pudieron hacer otra cosa que presenciar su triste fin. Era aproximadamente la una de la madrugada del día de San Juan. En la Iglesia Mayor del Puerto, recibió su cuerpo cristiana sepultura. El Entierro constituyó una verdadera manifestación de duelo. Y la noticia de su muerte, extendida por toda España, conmovió a la afición entera. Era José Cándido el primer torero profesional que moría cogido por un toro.

Pero la Fiesta seguía. No podía cortarse en seco su ya firmemente arraigada tradición. Por eso, y según canta la copla popular:

"Al otro día siguiente
salieron toos los toreros
vestios de negro luto
por la muerte e su maestro"

Era el primer tributo a la Fiesta. Pero había que seguir adelante.

PARROQUIA DE
NTRA. SRA. DE LOS MILAGROS
PRIORAL DEL
PUERTO DE SANTA MARIA
(CADIZ)
 

En 25 de Junio de 1,771,se enterró en la Prioral de ésta Ciudad en el Pateon de la Fábrica a José Cándido, casado con Maria Hernández dió poder y nombró por Alvaceas a la dicha su mujer y (Dª .Leonor Román, ante D. Sebastián Fernando Martin Pérez. Escrivania de D. José Antonio de Villa,en 23 de dicho mes y/a ños
todo a voluntad de sus alvaceas: vivia en calle de San Francisco. Su entierro General de Clero con una esquila pagó de doble Capas y Vestuarios, Ciriales o incensario, pertiga, frontal y derechos del panteón y Esquila

Libro de Defunciones nº 10 al folio 317.
Pto.Sta.Maria 16/10/87.


                     
Copia del original de la Nota de Enterramiento de JOSÉ CÁNDIDO EXPÓSITO


 


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