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Oreja para Alvarez y Climent

Cristian climete - Crecencio

Oreja para Alvarez y Climent

29 Marzo 2011

Castellón. Tercera de la Feria de la Magdalena. Con más de un cuarto de plaza se han lidiado seis erales de Fernando Peña.

Borja Álvarez, silencio y oreja;
Cristian Climent, ovación tras aviso y oreja y
Jonathan Barea, ovación tras dos avisos y palmas tras aviso.



Ayer se vio torear en Castellón. Y por momentos muy bien. Tal y como mandan los canones de la santa tauromaquia tan olvidada ella en los tiempos que corren. Lo interpretó con trazo largo y muy personal, J. Barea que es como se anuncia un torero en agraz nacido en la misma Plana; lo dibujó con trazo más pinturero Climent, un chavalote del Puig que si apretara más sería palabras mayores; y apuntó con menos continuidad pero con su aquel de singularidad, Borja Álvarez, que llegó desde Alicante de la mano del maestro Antonio Rondeño. De esa manera la novillada de las escuelas, especie de desafío interprovincial, acabó encendiendo las ilusiones de la afición tan alicaída ella.

Para que todo eso fuese posible se contó, era necesario, con un lujoso lote de erales de Fernando Peña, ganadero castellonense cuyas reses pastan en predios toledanos. Quiso el criador lucirse en su tierra y envió seis novillos de capa variada y finas hechuras, acordes a su linaje nuñez/torrestrella. Si exceptuamos al desabrido primero, el resto fue de buena nota y varios como tercero, cuarto y quinto de nota muy alta.

Lo de más enjundia de la tarde llevó la firma de Barea que sería a la postre el único que no cortó oreja. El castellonense tiene toreo de trazo largo y hondo, exhibe poca técnica y abundante inocencia, lo necesario para arrancar la carrera de torero. Todo cuanto intentó estuvo presidido por el buen gusto y las mejores intenciones. Los pases de pecho, especialidad de la casa, le salieron redondos además de templados. En su primero hizo lo mejor sobra la mano derecha, en su segundo fue lo contrario y lució especialmente al natural. En ninguno de los dos se cansó de estar delante del novillo y a los dos los mató rematadamente mal. Como dicen los taurinos que a matar se aprende, nos fuimos de la plaza con la convicción de que tiene la onza para ser torero apenas la sepa administrar bien. Solo le falta persistir, trabajar y esperar a que la suerte sea favorable.

Climent tiene muchas cualidades y el oficio necesario. Tiene gusto, compone con armonía, posee esa cosa personal que define a los toreros buenos y que no se aprende. Quiero decir que lo tiene casi todo, el casi lo ha de poner él con trabajo y decisión. En los dos firmó pasajes preciosos para la esperanza y alguna duda para el mosqueo.
Álvarez navegó en su complicado primero y resolvió con honor y buenas maneras en el excelente cuarto. Nos fuimos de la plaza satisfechos, con la sensación de no haber perdido la tarde. Corridas de las de ringo rango vendrán que no contenten como la de ayer.

lasprovincuias.es



 






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