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Emilio Huertas
Solo vuelta para Huertas en Madrid
27 Marzo 2011Las Ventas. Con un cuarto de plaza en tarde desapacible con lluvia intermitente se han lidiado cinco novillos de Los Chospes, de buenas hechuras y un sobrero -sexto- de Navalrosal, encastado.
Esaú Fernández, silencio y silencio;
Sergio Flores, silencio y ovación y
Emilio Huertas, silencio y vuelta al ruedo tras petición.
Saludaron en banderillas Ángel Otero tras parear al tercero y José Otero al sexto.
LA ENJUNDIA DE HUERTAS
Ni atisbo de interés en el ruedo hasta la salida del sexto. Ora por el deslucido juego de los novillos, ora por la falta de voluntad de los novilleros. Y con el martirio añadido de la lluvia.
Por cierto que hubiera sido el agua una buena excusa para la inoperancia de toros y toreros, si no llega a darse la oportunidad del sobrero de Navalrosal que hizo sexto. Un novillo con fijeza, que se desplazó por los dos pitones, obedeciendo y, generalmente, por abajo. Ni más ni menos que lo que se echó en falta en los titulares de "Los Chospes".
Sin duda que el mal estado del piso hizo crecer la desconfianza. Los novillos, defendiéndose, sin terminar de pasar, y con la cara arriba. Los novilleros, tampoco se ponían en el sitio. Lo cierto es que ni unos ni otros estaban por la labor.
Pero salió el sexto, y quedaron por fin las cosas claras: había faltado raza en el ganado, y ambición y recursos en los novilleros.
Porque con ese novillo que cerró plaza, en un ruedo todavía más impracticable que en el que se habían desenvuelto los anteriores, por fin se vio torear.
No es que fuera nada del otro mundo, pero al menos el astado quiso coger las telas, más bravo y bonancible -la bondad es también componente fundamental de la bravura, no haría falta advertir- por el pitón derecho. La faena tuvo cierta enjundia. Muy firme y haciendo las cosas con verdad, por abajo y hacia adentro, en dos tandas por ese lado bueno.
Huertas se gustó también en los remates, echándole repertorio a los finales de series. Un sólo intento al natural, sin llegar a redondear por ahí.
En verdad la faena tampoco llegó a tomar vuelo, o en todo caso se abortó en pleno despegue. Fue bueno, muy bueno lo poco que hizo, pero supo a poco. Tan breve que, a pesar de matar bien a la primera, faltaron pañuelos para la petición de oreja. Al final se tuvo que conformar con una solitaria vuelta.
En el novillo anterior, el tercero, que se lo pensaba mucho antes de arrancarse, Huertas cumplió sin más, si acaso más tenaz, pero sin llegar a nada por falta de enemigo.
El mexicano Flores, que debutaba en Madrid, estuvo voluntarioso con su rebrincado primero, y muy serio y con ganas frente al quinto, novillo frenado y descompuesto, que tampoco le permitió llegar a ninguna parte.
El sevillano Fernández, en vísperas de tomar la alternativa en la Feria de Abril en un cartel de lujo, anduvo toda la tarde con demasiadas precauciones, desentendiéndose pronto de sus dos astados. El primero, muy parado, y el cuarto, todavía más negado, le vinieron de perlas para escudar una más que absoluta desconfianza. EFE
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