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Hace
un par de meses tuve la suerte de compartir viaje desde el aeropuerto de
Málaga, con el maestro José Luís Galloso. La casualidad hizo que nos
encontrásemos en la capital de la Costa del Sol, y juntos emprendiésemos
la vuelta a El Puerto. Nos acompañaba otra figura de la tauromaquia, Antonio González.
Los tres mantuvimos una animada charla, y ellos dos dieron un repaso a
sus más que renombradas tardes taurinas.
Mi
expectación fue en aumento, y en aquellas tres horas de viaje comprendí
lo que había significado la figura de José Luís Galloso en el difícil
mundo de la fiesta. Desconocía muchos detalles de aquellas tardes de
gloria en las Américas, y adiviné lo mucho que hizo el maestro
portuense para que nuestra ciudad se diese a conocer más allá de donde
abarcamos. De las capeas y las tientas en Bolaños, a las que Ganoso se
desplazaba caminando, a la salida a hombros de la Plaza de Las Ventas de
Madrid. Siendo novillero, colgó el cartel de 'no hay billetes' en la
Plaza Real. Acudió fiel a su cita durante un puñado de años a las
plazas americanas. Y tiene en su haber las distinciones y los trofeos más
codiciados del mundo taurino. Una historia viva que tenemos la suerte de
contar entre nuestros paisanos, y que por circunstancias que no vienen
al caso, ha sido un tanto olvidada sin ningún sentido.
Y
cuento todo esto porque, hace unos días, por fin Galloso recibió su
homenaje. Su peña de toda la vida se encargo de engalanar la efemérides.
Este año se cumplían treinta años, desde que el maestro portuense
tomase la alternativa. Y no faltó nadie a la cita.
El
alcalde Hernán Díaz, haciendo gala del portuensismo que le llevo en el
año 95 a ganar las elecciones por mayoría, sorprendió a los presentes
anunciando que la próxima primavera se descubriría un azulejo que
recordará para siempre a nuestro torero. Junto al que hay de Joselito,
como no podía ser de otra forma.
Con
una estruendosa ovación, que para sí quisieran algunas de las figuras
que pisan nuestro albero, el público asistente acogió no
ya
el merecido homenaje, sino el verdadero reencuentro entre Galloso y El
Puerto
Enrique Bartolomé
Noviembre 2001
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