
Toros en El Puerto
EL COMPLOT DE LOS
VETERINARIOS
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Verán. En los reconocimientos previos en los corrales de algunas plazas de toros y si no hay causas sanitarias que lo impidan se está procediendo a dar por útiles a todos los toros presentados a una corrida, de tal manera que como manda el reglamento, sea el presidente el que tome la última palabra en decidir qué toros entran en la corrida. Como quiera que algunos ganaderos presentan además del sobrero algún otro toro para ver si cuela, a poco que el presidente, como vengo denunciando amigo de los políticos o de la empresa, no tenga un criterio formado y firme sobre qué es lo que se quiere para la plaza en la que se lidian, consultará con el empresario que decidirá qué toros deben entrar y este como quiere que todo salga bien y no haya conflictos para su negocio preguntará a los representantes de los toreros que con certeza preferirán los toros más chicos y los más cómodos de pitones, con lo que una vez más sale perdiendo el espectador mantenedor del espectáculo.
Es triste que hayamos llegado a estos términos,
la afición desprotegida, el espectador engañado y los toreros a hombros sin
merecerlo, pero parece ser que esta es la fiesta que queremos y parece que los
políticos se han dado cuenta de ello y van diciendo por las esquinas que los
gustos del publico han cambiado y que en el siglo veintiuno no admitimos tanta
puya y tanta sangre que la fiesta es diversión y no un problema. El empresario tuvo que decidir, por dignidad, que el toro 111, un toro bonito pero chico, no entraba en la corrida. Los veterinarios actuantes pensaron que entre rechazarlos todos y aceptarlos deberían aceptarlos, de esa manera no se echaban el conflicto encima y tendría que ser el presidente el que decidiera. Esto que los veterinarios vistieron como una jugada a favor de obra y que en Marbella salió bien, repito por la dignidad que el empresario dejó patente, en el resto de plazas de tercera y muchas de segunda se puede volver en contra y entonces colarse ese toro - novillo. Sin embargo la fiesta es grande a pesar de estas cosas que la mediatizan. Vengo diciendo y escribiendo que las plazas de tercera son las grandes olvidadas en la defensa de los intereses de los aficionados y es en estas plazas donde se cumple la doble premisa, a saber: son plazas tanto para lo malo como para lo bueno. Es decir que podemos ver en ellas la pillería taurina, pero también momentos inolvidables que nos ofrecen los toreros, quizás porque acudan a ellas menos presionados, relajados y con la mente despierta, sin las presiones de plazas de responsabilidad.
Por eso tengo que decir que aunque los toros
resultaron justos de fuerzas fueron nobles y Rivera estuvo bien en una tanda de
naturales y otra en redondo en el tercer toro y con el quinto se le vio más
animoso que lo habitual en los últimos tiempos y que Morante dejó destellos con
capote y muleta en el segundo y sexto porque el cuarto se lo cargó el picador.
Pero lo destacable de la tarde fueron los cuatro pares de banderillas que puso
Rivera al quinto, dos de ellos de buena factura, tercero al quiebro y cuarto de
dentro hacia fuera y lo inmenso que estuvo Morante de la Puebla haciendo lo
propio con tres pares impresionantes el tercero al violín de una factura
irreprochable, mejor que los que pone el Fandi. Le saldría de churro pero un
servidor se puso en pie y le aplaudió. |
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Toros en El Puerto©casemo