Toros en El Puerto


EL COMPLOT DE LOS VETERINARIOS


¡La fiesta pa vosotros!. Eso parecen decir los veterinarios a los taurinos. Tanta lucha por fijar y unificar criterios en defensa de la sanidad y de la mejor presentación de las corridas de toros, tanta critica al cuerpo veterinario de los que nunca quisieron tenerlos como oposición sana para su negocio y ahora sólo con funciones exclusivamente sanitarias por vinculantes,  han venido en deparar una actitud poco comprometida y casi rayana en la irresponsabilidad. La postura que no deja de ser un órdago a los presidentes y a los empresarios tiene lecturas variadas.

Verán. En los reconocimientos previos en los corrales de algunas plazas de toros y si no hay causas sanitarias que lo impidan se está procediendo a dar por útiles a todos los toros presentados a una corrida, de tal manera que como manda el reglamento, sea el presidente el que tome la última palabra en decidir qué toros entran  en la corrida. Como quiera que algunos ganaderos presentan además del sobrero algún otro toro para ver si cuela, a poco que el presidente, como vengo denunciando amigo de los políticos o de la empresa, no tenga un criterio formado y firme sobre qué es lo que se quiere para la plaza en la que se lidian, consultará con el empresario que decidirá qué toros deben entrar y este como quiere que todo salga bien y no haya conflictos para su negocio preguntará a los representantes de los toreros que con certeza preferirán los toros más chicos y los más cómodos de pitones, con lo que una vez más sale perdiendo el espectador mantenedor del espectáculo.

Es triste que hayamos llegado a estos términos, la afición desprotegida, el espectador engañado y los toreros a hombros sin merecerlo, pero parece ser que esta es la fiesta que queremos y parece que los políticos se han dado cuenta de ello y van diciendo por las esquinas que los gustos del publico han cambiado y que en el siglo veintiuno no admitimos tanta puya y tanta sangre que la fiesta es diversión y no un problema.

Los tiempos en los que los veterinarios emitían informes vinculantes y los presidentes respetaban sus criterios han terminado. El veterinario nos dice si el toro está cojo, ciego o resfriado y no se mete en si tiene o no trapío o es digno para lidiar en Madrid o Cuenca.

El pasado fin de semana estuve en la plaza de Marbella, me atrajo ver el mano a mano entre Rivera Ordóñez y Morante de la Puebla con ganado de Buenavista. Una escalera en la presentación, bien construidos, pero desiguales. Allí es dónde me enteré del sucedido.

 El empresario tuvo que decidir, por dignidad, que el toro 111, un toro bonito pero chico, no entraba en la corrida. Los veterinarios actuantes pensaron que entre rechazarlos todos y aceptarlos deberían aceptarlos, de esa manera no se echaban el conflicto encima y tendría que ser el presidente el que decidiera. Esto que los veterinarios vistieron como una jugada a favor de obra y que en Marbella salió bien, repito por la dignidad que el empresario dejó patente, en el resto de plazas de tercera y muchas de segunda se puede volver en contra y entonces colarse ese toro - novillo.

Sin embargo la fiesta es grande a pesar de estas cosas que la mediatizan. Vengo diciendo y escribiendo que las plazas de tercera son las grandes olvidadas en la defensa de los intereses de los aficionados y es en estas plazas donde se cumple la doble premisa, a saber: son plazas tanto para lo malo como para lo bueno. Es decir que podemos ver en ellas la pillería taurina, pero también momentos inolvidables que nos ofrecen los toreros, quizás porque acudan a ellas menos presionados, relajados y con la mente despierta, sin las presiones de plazas de responsabilidad.

Por eso tengo que decir que aunque los toros resultaron justos de fuerzas fueron nobles y Rivera estuvo bien en una tanda de naturales y otra en redondo en el tercer toro y con el quinto se le vio más animoso que lo habitual en los últimos tiempos y que Morante dejó destellos con capote y muleta en el segundo y sexto porque el cuarto se lo cargó el picador. Pero lo destacable de la tarde fueron los cuatro pares de banderillas que puso Rivera al quinto, dos de ellos de buena factura, tercero al quiebro y cuarto de dentro hacia fuera y lo inmenso que estuvo Morante de la Puebla haciendo lo propio con tres pares impresionantes el tercero al violín de una factura irreprochable, mejor que los que pone el Fandi. Le saldría de churro pero un servidor se puso en pie y le aplaudió.
 

                                                              Agustín Hervás
                                                              10 agosto 2005


                                                   

 

 

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