
Toros en El Puerto
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Los “desechos” en la Plaza Real de El Puerto
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Los problemas de tenerse que lidiar toros de desecho, las corridas parcheadas y toros afeitados, en la Plaza Real de nuestra emblemática ciudad de El Puerto de Santa María parecen endémico y nacieron desde el mismo año de su inauguración. Y en la Fiesta de Toros, está escrito, y aunque como decía el poeta, se hace camino al andar, el camino, de vez en cuando, se repite por la misma senda, la del abuso, el engaño y la corruptela a los aficionados.
Lo que ha ocurrido en los últimos años en esta plaza no es nuevo. La última corrida lidiada, -Zalduendo- que daba cierre a la temporada 2007 y a la gestión de la empresa Justo Ojeda, S.L., ha sido lo que me ha movido a buscar en la historia de esta plaza antecedentes sobre esta materia y, para muestra un botón.
Un (22-08-1880), se anunció en El Puerto una corrida en la que se iban a lidiar tres toros de D. Anastasio Martín y tres de doña Francisca Velázquez, viuda de Varela, para Antonio Carmona Luque (El Gordito) y Francisco Arjona Reyes (Currito), y, sin motivo para asombrarse, el quinto festejo de los programados para la temporada fue suspendido. ¿ Por qué?, se preguntará el lector aficionado, pues porque la prácticamente totalidad de los toros fueron rechazos –seis de los ochos, que incluía el obligado sobrero por cada ganadería-, por parte de los señores veterinarios en el reconocimiento, alegando presunto afeitado de los pitones de algunos toros y otros defectos, lo que hoy se denomina supuesta manipulación de astas, claro está, entonces no se podían sustituir las corridas con la celeridad que hoy. Tan es así, que una de las corridas llegada a la Plaza Real, uno de los astados, por descuido, llegó sin afeitar y hubo tiempo de sacarlo de la plaza, llevarlo a la peluquería más cercana y volverlo a encerrar en los corrales… Como se puede apreciar, la historia se repite, y en la fiesta, creo, que todo ha ocurrido ya anteriormente, por tanto, no nos horroricemos tan escandalosamente, ni nos llevemos las manos a la cabeza con tanta asiduidad en esta época histórica en que nos ha tocado vivir. Otro disgusto para la Compañía que llevaba los destinos de la Plaza Real de El Puerto de Santa María fue el de la suspensión de la corrida programada para el citado día, anunciada como la quinta de abono de la primera temporada. Antonio Carmona (El Gordito) y Francisco Arjona Reyes (Currito) iban a lidiar a muerte tres toros de don Anastasio Martín y otros tres de doña Francisca Velázquez, viuda de Varela. Pero el reconocimiento facultativo encontró defectuosas nada menos que las seis reses del encierro. El Alcalde don Francisco de Miranda, tan celoso por el prestigio y los intereses del pueblo como cuando el asunto de la corrida del día de San Juan, se apresuró a comunicárselo al vecindario por medio de un elocuente Bando. ¿Cuáles fueron esos toros? De don Anastasio Martín, casi todos con cinco años cumplidos, es decir, toros: 1º Rabicano, cárdeno, bien armado. 2º Nevaíto, berrendo en negro, bien encornado, cojo de la extremidad anterior izquierda. 3º Tendero, castaño ojinegro, corniabierto. 4 º Guareño, negro, derribado del cuerno izquierdo, o rebajada su punta. De la señora viuda de Varela: 1º Estornino, nº 204, cárdeno oscuro, reparado del ojo izquierdo. 2º, Botinero, nº 270, berrendo en negro y bien encornado. 3º Naranjito, nº 241, retinto y sin los cuatro años. 4º Sombrerero, nº 248, negro zaino y de buena encornadura. Se rechazaron: Nevaíto, por cojo; Guareño, por deficiente encornadura; Estornino, por la deficiente visión y Naranjito, por la corta edad. Se le dieron tres horas a la Empresa para sustituir a los toros. Contestó diciendo que era imposible traer otros toros. El Alcalde comunicó al Gobernador que había suspendido la corrida y que multaba a la Empresa a razón de 250 por cada toro desechado, que al parecer, al final, fueron seis. El Alcalde D. Francisco Miranda, efectivamente multó con 250 pesetas por toro rechazado al Sr. Jacinto Jimeno. Este hombre salió diciendo después que él era sólo un modesto arrendatario, siendo en realidad el Empresario D. Rafael Osuna y Sierra, con el que se entablaron las diligencias oportunas. Pero por debajo de la escueta noticia había un subsuelo de pequeñas intrigas, mezquinos rencores y sucios intereses particulares, muy frecuentes, desgraciadamente, en el mundillo interno de la Fiesta Nacional. Ya el día 14 del mismo mes, un tal José Selma, bajo cuyo nombre se había arrendado la Plaza en el año anterior, desplazado después por los manejos de más poderosos puntales, escribía rencoroso e intrigante, desde Sevilla, a don José Pazos: “También me han dicho que el 22 en esa se corren tres toros de Laffitte y tres de Anastasio que me dicen eran mogones y le han hecho punta.” ¡Buenos trapicheos se llevaban ganaderos y empresarios, jugando a la vez con dos plazas y burlado al mismo tiempo a la afición de dos poblaciones tan respetables como la de Jerez y El Puerto! –exclamaba don Manuel Martínez Alfonso en su magistral obra. El Alcalde Miranda, multicitado, echando mano del Reglamento, aplicó una multa a la Empresa de 250 pesetas por cada toro rechazado. Y además, y previa consulta con el Gobierno Civil de la provincia, que le autorizó para actuar según su propio criterio, fue confirmada seguidamente por el Gobernador. Todo ello no suponía sino nuevos quebraderos de cabeza para los miembros del Consejo de administración de la “Compañía”, que en cierto modo se veía obligada a pagar por pecados ajenos, sufriendo a la vez el doble embate de la espada municipal y la pared de la Empresa. ¿Cuanto habría que multar por lo ocurrido en los últimos años?. Vaya usted a saber. Lo dejamos ahí, que cada cual haga sus propios cálculos.
Juan
José Zaldivar Ortega
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