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Una temporada para olvidar
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La temporada taurina de este año, mejor olvidarla cuanto antes mejor. En el plano artístico hay que destacar por encima de todo la actuación de Manzanares en sus dos toros. Con el primero, artista, estético, brillante, pulcro con ambas manos. Con su segundo, mostró una inteligencia lidiadora impropia de su corta carrera. Dominador, valiente, torero con mayúscula descubriendo al público el toro que tenía delante. Cosa de maestro, vamos.
Tras él, la magia de Morante con una faena que hizo sonar la música callada del toreo. Faltan o sobran palabras para describirla. La cara y después la cruz del toreo. Caída fortuita y el de Marí Carmen lo empitonó en el suelo. Sin lugar a dudas, estas tres faenas es lo mejor que se ha visto en la Plaza Real este año. Perera llegó al público con un arrimón que, por cierto, el toro permitía dada su excesiva nobleza y su escasez de raza. De las tres orejas que cortó Ponce ¿se acuerda alguien de lo que hizo? Un toreo preciosista con toros sin transmitir la más mínima emoción. El torero local Alejandro Morilla, intentó salvar una corrida anodina poniendo fuerza, ilusión y torería tragando tarascadas del manso. Tenía ganada la sustitución de Cayetano, pero la empresa no le prestó la menor atención. En las novilladas, poca esperanza de descubrir nuevos valores. Algo, Fran Gómez y Casares, y muy poco más que contar. Este año las escuelas taurinas han mejorado la preparación de sus pupilos en el Certamen “El Puerto busca un torero”. El espectáculo más completo de ganado y toreros fue la final de ese Certamen, donde el público salió más satisfecho que en la mayoría de las corridas. ¡Cómo está esto! Ovación para algunos picadores y banderilleros. Y ovación de gala a nuestro paisano Ocaña, torero que dio una lección de compañerismo, solidaridad y profesionalidad, ayudando a un compañero que evidenciaba problemas ante el toro. Y del ganado ¿Qué? Más de lo mismo. Baile de corrales hasta en las novilladas, aunque es de justicia reseñar que en la presentación del ganado hemos mejorado. Presentación “elaborada” en los corrales con criterio y autoridad, que han provocado el enfado de algunos ganaderos de la comarca que no entendían como se les rechazaban toros que anteriormente, con otro presidente, eran admitidos. Núñez del Cuvillo tuvo que enviar 15 toros para conformar una corrida de 6. Los sobreros fueron de Camacho. De los 42 toros lidiados en corridas, una somera mención a 3 o cuatro nada más. Los encierros de Juan Pedro, Martelilla y el Marqués, 18 toros pa quemarlos. ¿Se merece esto nuestra Plaza Real? La escasez de raza, la nobleza, la poca fuerzas, la mansedumbre, se han convertido en la denominación de origen del otrora llamado campo bravo. Vidas truncadas en astas de toros para hacer esta Fiesta única, singular e inigualable, y sin respetar al respetable, llegan los ganaduros para degradarla tarde tras tarde. ¡Cuantos argumentos les estamos dando a los antitaurinos!
Fotos: Eva Morales |
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