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El ciclo taurino de verano de El Puerto de Santa María, ha tenido
una vez más luces y sombras. De nada han servido los errores del
pasado. Nuevamente el aficionado ha salido decepcionado de la plaza.
Salvo raras excepciones, el resultado artístico inflado por el
amable público portuense a base de orejas baratas, ha conseguido
maquillar el fracaso ganadero. Como muestra el segundo toro de la
suelta del día 19 de agosto, cuando un becerro de Zalduendo salió al
ruedo del más que centenario coso portuense. Toda la plaza clamaba
el fraude que se estaba cometiendo. El ganadero afirmaba en un medio
de comunicación que había sido un error, que ese toro nunca debió
salir a la plaza. Sea cierto o no, lo que no es de recibo es que
estos señores le hayan perdido el respeto a esta señera plaza y a su
afición. ¿Nunca se equivocan enviando cabras a Madrid o a Bilbao?
En el capítulo novilleril una vez más
se viene demostrando que los noveles parece que vienen con los
deberes hechos. No dan ni un paso adelante y se suelen mostrar
incapaces para salvar los problemas que suelen plantear novillos
complicados. Sólo podemos traer la actuación de Miguel Ángel Sánchez
como ejemplo de “estar en novillero”. El resto, cortitos y con
sifón.
Por su parte, los matadores de toros
en la línea habitual y de esperar. Ponce en figura y mostrando la
vergüenza torera que no han tenido la mayoría de los ganaderos. El
Cid, cumbre con un manso de Cuvillo. Talavante sobrado con un oficio
en plena esfervecencia. Cayetano, torpe donde los haya, se llevó una
cornada seria. Castella dando la cara, y resolutivo con la espada,
triunfador absoluto. El Juli, arreó en su último toro, para no irse
de vacío de este coso real. Manzanares, la de cal y la de arena.
López Chaves sorprendió a los que no lo conocían. Fernando Cruz,
algo “crudito”, incapaz de solventar un lote complicado. Jesuli de
Torrecera voluntarioso pero falto de corridas. Javier Conde en su
línea de sainetes y bailes típicos regionales. Finito en versión
finiquito, de telonero del mesías. José Tomás, más ruido que nueces,
aunque en su haber hay que destacar la movilización masiva de toda
la afición española. Caro Gil, alternativa de lujo y excelso con el
capote. Y para el final, nuestro paisano Alejandro Morilla, dando la
cara las dos tardes y ganándose a pulso una sustitución de lujo.
Apenas tenga continuidad podemos tener un gran torero en El Puerto.
Del apartado ganadero hay que
suspender de forma general a los criadores de bravos. Salvo la
corrida de Torrealta y toros sueltos de Cebada Gago, el resto muy al
límite. No entiendo cómo siguen repitiendo hierros que han dado
auténticos petardos en los últimos años en El Puerto. Mientras no
haya un giro radical y una apertura del abanico de encastes,
seguiremos con los tostones. O bien, habrá que dar la razón a los
que predican que al campo hay que ir con dinero.
Sobre los rejoneadores hay que decir
que no han conseguido llenar la plaza. Quizás dos festejos sean
demasiados para un ciclo como este. En este capítulo poco se puede
opinar porque el espectáculo suele estar en la grada, con grandes botellonas y un público festivo y relajado que no se lo piensa a la
hora de sacar el pañuelo. Y si encuentran un palco colaborador y
complaciente, la verbena se sirve en bandeja.
Hay que decir que la presidencia no
ha estado a la altura con la exigencia en los corrales. Se debe
actuar de una manera más firme contra el entramado taurino. La
autoridad debe ser inflexible en los corrales y en el señalamiento a
campo abierto. Habían conseguido una credibilidad que este año se ha
puesto en entredicho. Aunque para ello, algo han colaborado los
veterinarios que los asisten.
Se cierra un ciclo, el de la empresa
Justo Ojeda en la plaza real. Ahora toca esperar lo que nos deparará
el futuro. Muchos son los pretendientes que tiene la anciana plaza.
Se cuentan hasta por docena, lo que quiere decir que no será tan
deficitaria como promulga la actual empresa. Sea como fuere, el coso
necesita un cambio en todos los aspectos. En breve saldremos de
dudas y mientras tanto valeriana para quien lo necesite. “Que Dios
reparta suerte” pero que sea rácano con algunos...
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