Toros en El Puerto

"A HOMBROS DEL PUERTO"


El ultimo toro convulsionado sobre sus extremidades rueda sin puntilla en el albero de la Plaza Real
 

La tarde de estío se apaga lentamente en el Puerto
 

Un gentío ebrio de torería, se arremolina, eleva , y bambolea a su ídolo de lado a lado del callejón mágico.

Doce toros históricos y un tal José de Gélves son hieráticos testigos.

El Matador ; quebrando otra vez la cintura de lado a lado por los vaivenes costaleros del gentío encara la Puerta de la Gloria, Ora de frente, ora de costado, ora en pendiente, brazos al cielo y la sonrisa desdibujada por la emoción . Jamás , sintió nada igual
 

El Purísima y Oro con el bajo-brazo y la taleguilla, manchada por el burel, hacían presagiar la tragedia, ahora convertida en gloria y un centelleo luminoso de lentejuelas se reflejan en la tórrida, tarde-noche portuense avisando así del triunfo, a la multitud expectante en la calle .
 

Una vez llegado al Arco Real la multitud impaciente, se abalanza y la pasión se desboca, unos lloran, otros lo aclaman , y otros lo tocan como si de un Dios pagano se tratara. La algarabía desbordada y un compás estremecedor provocado por miles de palmas echadas al viento, componen una sinfonía casi espiritual, que hacen dudar al matador entre to divino y humano de aquel instante . Es el sonido del triunfo. El zenit de la Gloria se ha consumado
 

Un torero va zarandeándose y en volandas , A HOMBROS DEL PUERTO

                               Antonio Ruiz López - Veterinario - Julio 2002



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