Toros en El Puerto

 



Dr.D. Juan José Zaldivar

 ¿El por qué de las aboliciones?

El tan celoso promotor de la Contrarreforma y que inyectó rigor al “Santo” Tribunal de la Inquisición, prohibió las corridas de toros, llegando a publicar la Bula de deposición de Isabel I de Inglaterra, que, como era lógico, no hizo el menor caso a ella, amenazándola con la excomunión a los que  obedeciesen sus mandatos.
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¿Quiénes son  ellos para abolir  lo que le gusta a más de la mitad  de la población española?
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Y el hecho de que España sea conocida por su fiesta de toros bravos desde hace más de dos  mil años sigue vigente. A todo lo ancho y largo del mundo hay aficionados que nunca han venido a España, pero tienen en su casa películas de Manolete, carteles antiquísimos y que te invitan a que escuches música flamenca de la más variada.

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       Cuando las aboliciones se remueven en su  fondo pasa como con cuando se agita el cieno mugriento, que huele a pura mierda. Nos dedicamos a remover la historia del papa Pío V, de Antonio Ghislieri, nacido en Bosco Marengo, cerca de Alejandría, en 1504 y muerto  en Roma en 1572, que exactamente un siglo después fue beatificado, es decir ,en  1672, que nunca  fue santificado. El tan celoso promotor de la Contrarreforma y que inyectó rigor al “Santo” Tribunal de la Inquisición, prohibió las corridas de toros, llegando a publicar la Bula de deposición de Isabel I de Inglaterra, que, como era lógico, no hizo el menor caso a ella, amenazándola con la excomunión a los que  obedeciesen sus mandatos. El bendito Juan Pablo II no hubiese actuado así jamás. También amenazó con la deposición a Maximiliano II si concedía el libre ejercicio a los protestantes.     Pero ¿cuál fue la causa de su odio a las corridas de toros? Bueno, pues que el papa beatificado, se opuso con la firmeza que le caracterizó a lo largo de sus seis años de pontificado a las regalías que pretendía Felipe II y, al reclamar a Roma, el arzobispo Carranza,  fue encarcelado en España. Desde entonces valía todo el daño que se le pudiera hacer a España.

            A la revulsiva mentalidad de una parte importante de la izquierda española le produce náuseas de locura la Fiesta Brava. Y es que ella reluce tanto y es tan admirada por tantos países del mundo, incluyendo a China y Japón; es tan formidable su identificación con España, que les molesta en extremo, los enloquece y los pobres no pueden evitarlo. La realidad es que no están atacando o aboliendo los toros, sino que lo que anhelan es acabar con todo lo que hay detrás: los señores ganaderos, sus hermosas fincas, sus caballos… todo lo que huela a capitalismo, porque ellos han nacido para ser pobres hasta en iniciativas y donde quieran que estén garantizan la pobreza y la miseria. No se dan cuentan, porque no les interesa, que la Fiesta Brava es el pan nuestro de cada día de miles y miles de familias, que es algo único nacido  en España, una fiesta como ninguna otra. Pero, además,  ¿Quiénes son  ellos para abolir  lo que le gusta a más de la mitad  de la población española?

            Quieren abolir algo de lo que ya se hablaba y  escribía muchos años antes del nacimiento de Cristo, cuando lo absurdo de ser de derechas o de izquierdas no existía, pero sí los toros bravos. Strábon  (Estrabón, en castellano), geógrafo e historiador griego -nacido el año 63 a. C., falleció el 19 de nuestra Era-, en su Geographiká, podemos espigar algunas noticias relacionadas con nuestros toros –muy suscintas, en verdad- en el texto sobre Iberia. Hay que fijarse en que el historiador griego no estuvo jamás en España, pero que sobre ella tomó noticias de autores que le precedieron y que sí visitaron nuestra Península, como Polibio, Artemidoro y Poseidonio. Lo primero que Estrabón advierte es el parecido de España con “una piel de toro” tendida en el sentido de su anchura del Septentrión al Mediodía…”Y España está en Europa, la hija de Agenor, a quien Zeus raptó –según la leyenda griega- adoptando la forma de un toro.

            Y el hecho de que España sea conocida por su fiesta de toros bravos desde hace más de dos  mil años sigue vigente. A todo lo ancho y largo del mundo hay aficionados que nunca han venido a España, pero tienen en su casa películas de Manolete, carteles antiquísimos y que te invitan a que escuches música flamenca de la más variada. Un día fuimos invitados a su hogar por un comandante de la Federal de Camino (J.G.) en la ciudad de Zacatecas (México). Lloraba  emocionado cuando puso un disco de sevillanas… y nunca ha venido a España. Hace días nos llamó desde el otro lado del Atlántico indignado de que quieran los “locos catalanes acabar con la fiesta más hermosa del mundo…” Le aclaramos que son sólo relinchos de unos cuantos bichejos que tienen el  espíritu fuera de la mente. “¡Si a España sólo se le conoce por sus corridas de toros y su Andalucía!”, terminó diciendo por el cable telefónico submarino que sale de México y entra en  España por Conil de la Frontera (Cádiz).

                  

 Juan José Zaldivar Ortega
     El Puerto 27 abril 2005

     

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