El tan celoso promotor de la Contrarreforma y
que inyectó rigor al “Santo” Tribunal de la Inquisición, prohibió las
corridas de toros, llegando a publicar la Bula de deposición de Isabel I
de Inglaterra, que, como era lógico, no hizo el menor caso a ella,
amenazándola con la excomunión a los que obedeciesen sus mandatos.
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¿Quiénes son ellos para abolir
lo que le gusta a más de la mitad de la población española?
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Y el hecho de que España sea conocida por su
fiesta de toros bravos desde hace más de dos mil años sigue
vigente. A todo lo ancho y largo del mundo hay aficionados que nunca han
venido a España, pero tienen en su casa películas de
Manolete, carteles antiquísimos y que te invitan a que escuches
música flamenca de la más variada. |
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Cuando las aboliciones se remueven en su fondo pasa como con cuando se
agita el cieno mugriento, que huele a pura mierda. Nos dedicamos a
remover la historia del papa Pío V, de Antonio Ghislieri, nacido en
Bosco Marengo, cerca de Alejandría, en 1504 y muerto en Roma en 1572,
que exactamente un siglo después fue beatificado, es decir ,en 1672,
que nunca fue santificado. El tan celoso promotor de la Contrarreforma
y que inyectó rigor al “Santo” Tribunal de la Inquisición, prohibió las
corridas de toros, llegando a publicar la Bula de deposición de Isabel I
de Inglaterra, que, como era lógico, no hizo el menor caso a ella,
amenazándola con la excomunión a los que obedeciesen sus mandatos. El
bendito Juan Pablo II no hubiese actuado así jamás. También amenazó con
la deposición a Maximiliano II si concedía el libre ejercicio a los
protestantes. Pero ¿cuál fue la causa de su odio a las corridas de
toros? Bueno, pues que el papa beatificado, se opuso con la firmeza que
le caracterizó a lo largo de sus seis años de pontificado a las regalías
que pretendía Felipe II y, al reclamar a Roma, el arzobispo Carranza,
fue encarcelado en España. Desde entonces valía todo el daño que se le
pudiera hacer a España.
A la revulsiva mentalidad
de una parte importante de la izquierda española le produce náuseas de
locura la Fiesta Brava. Y es que ella reluce tanto y es tan admirada por
tantos países del mundo, incluyendo a China y Japón; es tan formidable
su identificación con España, que les molesta en extremo, los enloquece
y los pobres no pueden evitarlo. La realidad es que no están atacando o
aboliendo los toros, sino que lo que anhelan es acabar con todo lo que
hay detrás: los señores ganaderos, sus hermosas fincas, sus caballos…
todo lo que huela a capitalismo, porque ellos han nacido para ser pobres
hasta en iniciativas y donde quieran que estén garantizan la pobreza y
la miseria. No se dan cuentan, porque no les interesa, que la Fiesta
Brava es el pan nuestro de cada día de miles y miles de familias, que es
algo único nacido en España, una fiesta como ninguna otra. Pero,
además, ¿Quiénes son ellos para abolir lo que le gusta a más de la
mitad de la población española?
Quieren abolir algo de lo
que ya se hablaba y escribía muchos años antes del nacimiento de
Cristo, cuando lo absurdo de ser de derechas o de izquierdas no existía,
pero sí los toros bravos. Strábon (Estrabón, en castellano), geógrafo e
historiador griego -nacido el año 63 a. C., falleció el 19 de nuestra
Era-, en su Geographiká, podemos espigar algunas noticias
relacionadas con nuestros toros –muy suscintas, en verdad- en el texto
sobre Iberia. Hay que fijarse en que el historiador griego no estuvo
jamás en España, pero que sobre ella tomó noticias de autores que le
precedieron y que sí visitaron nuestra Península, como Polibio,
Artemidoro y Poseidonio. Lo primero que Estrabón advierte es el parecido
de España con “una piel de toro” tendida en el sentido de su anchura del
Septentrión al Mediodía…”Y España está en Europa, la hija de Agenor, a
quien Zeus raptó –según la leyenda griega- adoptando la forma de un
toro.
Y el hecho de que España
sea conocida por su fiesta de toros bravos desde hace más de dos mil
años sigue vigente. A todo lo ancho y largo del mundo hay aficionados
que nunca han venido a España, pero tienen en su casa películas de
Manolete, carteles antiquísimos y que te invitan a que escuches
música flamenca de la más variada. Un día fuimos invitados a su hogar
por un comandante de la Federal de Camino (J.G.) en la ciudad de
Zacatecas (México). Lloraba emocionado cuando puso un disco de
sevillanas… y nunca ha venido a España. Hace días nos llamó desde el
otro lado del Atlántico indignado de que quieran los “locos catalanes
acabar con la fiesta más hermosa del mundo…” Le aclaramos que son sólo
relinchos de unos cuantos bichejos que tienen el espíritu fuera de la
mente. “¡Si a España sólo se le conoce por sus corridas de toros y su
Andalucía!”, terminó diciendo por el cable telefónico submarino que sale
de México y entra en España por Conil de la Frontera (Cádiz).
Juan
José Zaldivar Ortega
El Puerto 27
abril 2005
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