Porque no se trata sólo de prohibir nuestra
grandiosa Fiesta Nacional, ya que si les dejan, cubren con pintura de
odio el arte pictórico rupestre de la cueva de Altamira, para que no se
vuelvan a ver los toros; abolirían la Monarquía;
pisotearían,
como lo vienen haciendo, las normas democráticas más sencillas;
quemarían los Archivos de la Nación donde exista un solo documento que
les recuerde que un chaparro gallego les demolió el rostro.
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¿Qué saben ellos de arte, de valor, de sentimientos, de
progreso humano, de cultura de un pueblo bravo y noble, como son los
toros?
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Da por un lado la impresión de
que esa pobre gente, muy defensora de los derechos de los animales, no
están tratando algo verdaderamente imposible, cual es buscar por todos
los medios abolir las corridas de toros, sino borrar de sus mentes una
profunda amargura que arrastran como una maldición bíblica la izquierda
abolicionista. Por eso desde siempre le hemos tenido compasión y nos
produce tristeza ver cómo andan descarriados por el mundo, perdidos en
un vacío de constante
desaliento. Porque no se trata sólo de prohibir nuestra grandiosa Fiesta
Nacional, ya que si les dejan, cubren con pintura de odio el arte
pictórico rupestre de la cueva de Altamira, para que no se vuelvan a
ver los toros; abolirían la Monarquía; pisotearían,
como lo vienen haciendo, las normas democráticas más sencillas;
quemarían los Archivos de la Nación donde exista un solo documento que
les recuerde que un chaparro gallego les demolió el rostro; si pudieran
le quitarían a España su forma de piel de toro, para darle la forma
geográfica de la isla de Cuba; y como carecen de sentido de la
Historia, les encanta instaurar Repúblicas y volver a chocar contra la
pared. ¿Acaso no se le ocurre a la izquierda española hacer algo
positivo que no sea destruir, joder? ¿Por qué no tiraron al suelo al
general gallego cuando estaba vivito y coleando?
Para prohibir algo
es premisa fundamental conocer a fondo lo que se quiere abolir. ¿Qué
saben ellos de arte, de valor, de sentimientos, de progreso humano, de
cultura de un pueblo bravo y noble, como son los toros? Hasta los papas,
como Pío V, de Tortona - cuyo verdadero nombre era Antonio Ghislieri,
nacido en Bosco Marengo, cerca de Alessandria, en 1504 y muerto en Roma
en 1572- , que desde el mismo día de sentarse en el silla pontificia,
en 1566, cayó en el error al incluir en su programa de reforma general
de costumbres, la prohibición total de las corridas de toros, de las que
llegó a afirmar “…ser más propias de demonios que de hombres”; lo que
provocó en España gran agitación. El franciscano fray Antonio de Córdoba
escribió un libro, que no pudo imprimir, intitulado De difficilis
quaestionibus, en el que se aseguraba no ser pecaminosa la
asistencia a las corridas de toros. El pecado grave es tratar de
abolirlas. Claro, que para quienes no creen en Dios …nada de lo que
hagan es pecado ¡qué gustazo!
Felipe II recurrió
en vano a Pío V, mediante una carta fechada el (23-07-1570), en demanda
de renovación o mitigación de la bula. La súplica fue aceptada por su
sucesor, Gregorio XIII, el cual anuló las censuras, por lo que tocaba a
los legos, el (25-08-1575), a los que sí les estaba prohibido asistir a
las corridas. El obispo de Salamanca procedió contra algunos
catedráticos de la Universidad, entonces la Institución mmás culta del
Mundo, que enseñaban que los clérigos podían asistir a los festejos
taurinos, sin incurrir en pecado. A pesar de esto, no se evitó que
varios catedráticos –sacerdotes y religiosos- de Salamanca, no solamente
continuasen yendo a los toros, sino que alentasen a sus discípulos para
que les acompañasen a la plaza. Los doctores salmantinos no dejaban de
pregonar las excelencias de la lidia de reses bravas, llegando a
escribir colectivamente una carta, que se conserva en nuestra Biblioteca
Nacional, cuya primera firma es la de fray Luis de León.
Juan
José Zaldivar Ortega
El Puerto
18
abril 2005
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