Ayer tuve una
discusión con alguien en contra de la Fiesta, nada
nuevo , algo del todo insulso porque no hay
convencimiento posible, sólo razonamientos de una y
otra parte.
Entiendo la sensibilidad
hacia los seres vivos pero también es de sentido común
entender que la vida del toro bravo se limita a su
destino final, trágico pero el único.
La Fiesta se sustenta
sobre cuatro pilares, el económico en torno al cual
giran los recursos de multitud de familias, no sólo
ganaderos, toreros, empresarios, carteleria, personal de
plaza, y hasta el que vende las pipas y almohadillas en
la puerta. Aportando un tanto por ciento mas que
considerable al producto interior bruto y con una de las
tasa más altas de la administración en cuanto a
impuestos.
|

Bonito
ejemplar de Victorino Martín |
El segundo de sus pilares
es el ecológico, sin la existencia del toro bravo los
millones de hectáreas de dehesa serian masacrados por el
ladrillo y se mantienen auténticos ecosistemas en torno
al animal más bello de la tierra, que sin la fiesta
seria pasto de zoológico. El único animal cuya vida y
alimentación es natural y pura, mimado al máximo y
cuidado hasta el último día de su vida.
El tercer pilar es el
social, formando parte de nuestra cultura e
idiosincrasia, parte de nuestra sociedad como
espectáculo y como forma de vida, como tejido social
enraizada desde nuestra gastronomía a nuestro acerbo
popular y nuestro lenguaje. Imagen de fuerza y belleza
en su máximo esplendor. Desde la deleznable prensa rosa
hasta formando parte de nuestros informativos.
El cuarto pilar es el
artístico, la pintura, escultura, cine, literatura,
prosa y poseía, muisca todas y cada una de las
artes han ensalzado la Fiesta, Goya, Lorca, Heminway,
Alberti, Benlliure, Alberti, y toda la generación
del 27 destacó las mil y una bellezas de nuestra
Fiesta que algunos llaman bárbara.
Entiendo y somos los
primeros que sentimos la tragedia de la lucha entre la
vida y la muerte, pero menos sentido común y mayor morbo
existe en el que sólo ve sangre y arpones.