|
Permítanme la
licencia I.
|

Olga Pérez |
En estos días de hibernación taurina,
donde la única actividad se centra en semanas culturales y
eventos dispersos, dormida la temporada a nivel nacional y
sólo desde la internacional nos llegan noticias, me planteo
un momento para la reflexión personal en torno a lo que ha
sido el toro en mi existencia vital .
En el seno de una familia nada taurina,
en la cual el bicho raro andaba pululando por la plazas de
toros a solas, ante la incomprensión de unos padres que
aceptaban la afición como sana pero que no entendían para
nada su procedencia, sólo quizás tras haber visto desde
pequeña los vestidos del maestro Galloso, tendidos a secar
tras haberlos dejados impecables el vecino del segundo,
Paco Ragel.
Época de imposibilidad de acceder a la
Escuela Taurina de Cádiz para las mujeres y época también
extraña para acudir las mujeres solas a los toros y a
eventos taurinos dentro del ámbito social.
Tras la feria del Poblado de Doña Blanca,
una carta dirigida al director de la televisión local en
referencia a los festejos, fue el pasaporte, con tan sólo
recién cumplida la mayoría de edad, para acceder al mundo de
la información.
Para Telepuerto fue un autentico ejemplo
de modernidad, ¿una niña de pelo rubio hablando de toros?,
de su capa un sayo para aceptar los mas anacrónicos
comentarios y empolvadas creencias, sólo superadas por los
conocimientos y las ansias de aprender , la afición y el
amor por todo lo que uno se propone y lleva a cabo.
Grupo humano que vale su peso en oro y
que nunca ha sabido valorarse lo suficiente , apoyos en el
mando de la emisora para la fiesta taurina , y sentimientos
encontrados siempre frente a otros espacios , teniendo el
toro protagonismo por sí sólo en toda la parrilla. En casi
quince años hemos vivido tres empresas taurinas, miles de
actos, miles de festejos e invitados que siempre aportaban
parte de su sello propio.
Salsa de los corrillos taurinos y un
rincón para la sensibilidad y la afición que todo lo
absorbe.
Olga Pérez
13 Diciembre 2008
|