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La importancia
de llamarse El Puerto (II)
La ciudad como entidad con nombre propio
cuenta hoy con un elemento que ha aderezado las temporadas
taurinas y que ha ido aumentando en número, proporción,
variedad y consolidación las diferentes Peñas y Tertulias
Taurinas, que van acaparando enmarcadas en su propia
federación un papel más que considerable valorando todo
aquello que gira en torno a la fiesta portuense.
Protagonizando momentos importantes e
inolvidables en sus respectivas entregas de premios y actos
taurinos sin parangón, plagados de esfuerzos y afición.
Un grupo de hombres pringados hasta las cejas
de lo nuestro y del toro básicamente. Oposición constructiva
y siempre necesaria.
El Puerto en nuestros días no es mas que un
producto mezcla de público que acude al reclamo de ciertos
nombres y que premia lo que considera oportuno en cada
momento determinado, independientemente del ejemplar que se
lidie en cada festejo, y un sector de afición que sabe
valorar lo realizado con sabor, valor y regusto que sólo en
este rincón sabemos paladear, sufridos ante los desmanes que
en ocasiones presenciamos en cuanto a los ejemplares
lidiados.
El aficionado ha escapado de los tópicos del
toro mastodóntico y obeso, de las exigencias del aficionado
mas encorsetado y de cámara superlenta, que sabe como
lidiar un ejemplar sentado desde el tendido. Sólo hay un
único elemento diferenciador, sólo algo la convierte en
única y autentica, ella misma y sus circunstancias.
El Puerto no ha caído aún en el dedo
acusador obsesionado por una pureza irreal .No se ha
impuesto la falta de respeto a los toreros por inercia y su
talante es más comprensivo y hasta dialogante y positiva.
Sólo se ha centrado en un discurrir de las
temporadas plagadas de afición, ansiando un tipo de toro
acorde, El Puerto se ha mantenido al margen de las
excentricidades de algunas plazas, baluartes de la fiesta
que han ido perdiendo esa realidad que impone la razón.
La importancia
de llamarse El Puerto (I)
17 Mayo
2008
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