Con su invitación en mano que se la dio el vecino
del quinto que es amigo de uno de la peña, atiende
poco a la entrega, pero de gañote en los copeteos fijo y, devora
las Matutanos, como si fuese accionista.
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En verano lleva el carnet de aficionado
en la boca, Julio y Agosto, y presume del pase de favor
que le da el Ayuntamiento a un cuñao de su hermano.
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El
taurineador
Dícese de aquella persona que taurinea.
Es decir, una especie descendiente directamente del homo sapiens que pulula por los círculos y ambientes taurinos
con una serie de características propias de su especie.
Siempre acude a la multitud de entregas
de premios que se convocan en la ciudad, con el traje de
chaqueta del fondo de armario que compró cuando se caso
una sobrina suya, allá por la pasada década. Con su
invitación en mano que se la dio el vecino del quinto
que es amigo de uno de la peña, atiende poco a la
entrega, pero de gañote en los copeteos fijo y, devora
las Matutanos, como si fuese accionista.
Gesticula, habla y sabe de toros más que
Mazantini pero no sabe ni el significado de la palabra
encaste.
En su anatomía es muy característico
encontrar bajo su brazo, una barra de bar de la esquina
donde dar la tabarra sobre su torero al primero que
pilla .El torero de su corazón que es destronado cada
temporada por otro diestro triunfador del momento.
En verano lleva el carnet de aficionado
en la boca, Julio y Agosto, y presume del pase de favor
que le da el Ayuntamiento a un cuñao de su hermano.
No acude a otras plazas por supuesto, ni
ha pasado en su vida por taquilla, no existen palabras
como benéfico o colaboración. No participa en nada que
suponga implicación pero está vinculado a todas las
entidades taurinas.
Aficionado al coleccionismo taurino,
presumiendo de sus dos ejemplares de El Ruedo del año
63, atesora multitud de objetos de los que regalan en
la puerta grande, pañuelos y abanicos que acumula a
montones así como los libros que editan las entidades de
la ciudad, amontona libros que jamás lee pero que envía
a varios cientos de primos que tiene en el extranjero.
Apoyado en la prolongación de su brazo,
la mencionada barra del bareto, blasfema en arameo del
torero local, lo pone a parir sin epidural ni na, pero
eso si, cuando se lo encuentra por ahí, la palmadita en
la espalda y el “animo torero que tú vales y puedes”
caen fijo; más falso que Judas.
Una presencia siempre incomoda,
autodestructiva de lo que presuntamente en su afición,
animadora de bulos, alcantarillas e historias para no
dormir, apática y abúlica, negativa donde las haya. Si
encuentran algún parecido con la realidad, huyan.
16
febrero 2008
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