El lado femenino


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El lado femenino

 

 

Sienten la soledad de las ausencias más que nadie sin entender muy bien porque un día determinado de la vida de su torero, éste decidió entregar su vida en cuerpo y alma a una profesión dura, ajena a ellas.

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La inmensa mayoría no acude a la plaza, por no entender muy bien lo que pasa allí abajo, por el pánico que supone ver a alguien a quien quieres enfrentarse a una fiera que siempre parece más feroz que ninguna otra.

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Para las madres es desgarrador casi como ver a parte de tu ser, que parió con mucho dolor,  enfrentarse al destino que puede arrebatárselo, la muerte.

 

Pocos honores se han desarrollado al lado femenino del toro.


Sandra Moscoso - Foto: Eva Morales

Y no me refiero a la que viste de luces que aún le queda un arduo camino por recorrer tapando bocas dentro y fuera de la plaza,  además de enfrentarse en las mismas condiciones de igualdad al toro. Me refiero a la mujer, hija y madre de toreros que viven cada día una afición que la mayoría de ellas no solo no comparte sino que es más,  rechaza.

Sienten la soledad de las ausencias más que nadie sin entender muy bien porque un día determinado de la vida de su torero, éste decidió entregar su vida en cuerpo y alma a una profesión dura, ajena a ellas.

Las esperas ante el móvil son eternas y los viajes infinitos, si la curiosidad las llama ojean el mapa y son tardes de punta a punta de kilómetros,  sin descanso,  tras haber finalizado una tarde para dar comienzo a otra.

La inmensa mayoría no acude a la plaza, por no entender muy bien lo que pasa allí abajo, por el pánico que supone ver a alguien a quien quieres enfrentarse a una fiera que siempre parece más feroz que ninguna otra. Además de lo que supone que no rueden bien las cosas, oír las críticas del público refugiadas en un tendido como anónimas espectadoras es casi irrefrenable el enfrentarte verbalmente al criticador , que critica al profesional y ellas lo sienten como improperios a la persona directamente.

En numerosos momentos claves de sus vidas, nacimientos, cumpleaños, graduaciones,  su torero siempre está ausente, cuando no son las tardes de toros, son los entrenamientos, el campo, los preparativos de la temporada sin fin… mil y un momentos donde el toro siempre les gana la partida, antepuesto a todo lo demás.


Carmen Ordoñez, esposa y madre de toreros

Si son novias hasta bien alcanzada la madurez del torero permanecen en la sombra, ocultas, dicen “los entendidos” que el diestro prometedor no puede verse distraído por seducciones femeninas y si son esposas “torero casado, torero fracasado” refiere el dicho popular.

Para las madres es desgarrador casi como ver a parte de tu ser, que parió con mucho dolor,  enfrentarse al destino que puede arrebatárselo, la muerte.

Acompañan en la recuperación de las cornadas de la carne y del alma, las primeras cicatrizan en días, las otras que da la profesión con sus injusticias y trapos sucios, no se cierran nunca, y es más intensa la recuperación si cabe,  siendo consuelo confidentes,  y amigas de situaciones que no entienden.

Valoran los éxitos,  pero normalmente no comparten mesa y mantel en las celebraciones de éste, y se tragan los fracasos compartiendo la frustración con sus hombres. Sienten la puñalada de la infidelidad encarnada en un animal ante el cual todo lo demás es de menor importancia.

La cara amable es disfrutar con sus éxitos y con las satisfacciones de la profesión así como de su realización integra como persona y como toreros, sintiendo ser parte de ello, felices viendo a su hombre feliz.

La hiel y la miel de la fiesta bajo el perfil femenino, ojos llorosos a veces de felicidad y otras de soledad.

      El Puerto 30 diciembre 2007
 

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