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Los toreros se miden
siempre por el ejemplar que tienen delante pero en el
caso de Ponce es casi ilógico que ante un toro sin animo
de colaborar para nada acabe cediendo ante sus dotes de
mando.
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Su melodía
comienza tenue casi inaudible, suave, lenta, acompasada
y a su aire, hasta que se va haciendo más y más
penetrante, embaucadora, poderosa, y sometedora, hasta
que su enemigo y el público se rinde a sus encantos de
forma incondicional. |
Ya resulta casi insoportable
la perfección de Ponce sobre el ruedo, ahora increíble
pero lesionado por un golpe de una de sus criaturas a
las que no pudo encantar en esta ocasión, pero tras de
si un currículum de metas logradas incomparable y que ya
quisiesen muchos para si.
Más de quince años de una hoja de
servicios en el mundo del toro de progresión
inigualables. Miles de orejas y rabos, se acercan a
treinta casi los toros a los que ha perdonado la vida.
Infinitas puertas grandes en España y
América, sus melodías han encantado a millones de
aficionados que le siguen embelesados con una técnica y
una inteligencia de la que sólo están dotados unos
cuantos privilegiados, pero en su caso único en su
especie.
Casi ninguna plaza se le ha resistido y
me atrevería a decir que ninguna.
Lo suyo es tan perfecto que casi se nos
pasa por alto que su capacidad torera es inagotable, su
afición sin limites y su ambición casi desmesurada.
Este año quizás en El Puerto ha pasado
inadvertido para muchos, ha logrado lo que ningún otro
vestido de luces ha conseguido, sacar agua de pocos
secos, casi mágicamente hacer embestir a moles sin
cualidades .

Un paseíllo en El
Puerto
Foto: Eva Morales
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Toros ante los cuales ninguno dábamos un
céntimo de euro por él, prodigiosamente los ha hecho tirar
para delante, embestir, domeñar y hasta con resultados
estéticos, dejando bien claro el porqué es y será el
número uno, por siempre y para siempre.
Los toreros se miden siempre por el
ejemplar que tienen delante pero en el caso de Ponce es
casi ilógico que ante un toro sin animo de colaborar
para nada acabe cediendo ante sus dotes de mando .
Como el encantador de Hamelín, el de
Chiva planta el capote y los va midiendo desde su
salida, en el caballo los pulsea, en banderillas observa
su evolución y en la muleta…..ay!!!! , ya son casi
suyos.
Su melodía comienza tenue casi inaudible,
suave, lenta, acompasada y a su aire, hasta que se va
haciendo más y más penetrante, embaucadora, poderosa, y
sometedora, hasta que su enemigo y el público se rinde a
sus encantos de forma incondicional.
Una vez producida su rendición, las
criaturas quedaran marcadas para siempre por lo impreso
en sus pupilas y la melodía siempre hermosa de la magia
de su toreo y su magistral forma de interpretarlo. La
quinta esencia de una sinfonía tan armónica como casi
increíble.
Se rumorea su temida retirada y con ello
la perdición en el limbo de esas miles almas que le
siguen y le han seguido en peregrinación durante más de
quince años.
A todo ello añadir que es el torero que
mejor cumple con el dicho que afirma que como se es como
torero se es como persona en la calle, alguien que
rebosa honradez profesional y personal.
Una capacidad sin límites para aspirar en
su trayectoria vital y que no sólo no tiene techo sino
que se permite el lujo de tocar el cielo con la punta de
sus dedos.
La flauta y Hamelín se quedaran
huérfanos de algo básico en la fiesta, madurez torera,
honestidad, pureza y belleza, una afición casi
enfermiza.
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