Desde la tronera


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  Desde la tronera
 


Normalmente se asoma una montera con vida propia y un medio cuerpo con un brazo que parece aislarse del resto de la anatomía por sus movimientos  y cambiar su piel de plata por el oro que se la juega frente al toro.

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Teloneros de lujo y  entrantes perfectos para colmatar la mayoría de los triunfos del matador...

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Subalternos  en plata o azabache que llevan por bandera la compenetración  y la sapiencia como  elemento unificador y clarificador de una  cuadrilla.
      
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Veranos trepidantes apiñados en un furgón de miedos , risas y asfalto que les lleva por toda la geografía taurina...

 


Foto: Paco Díaz - 2004

Asoman sus cabezas desde la tronera del burladero pero su voz es más que  penetrante, profunda y sincera.
 

Consejos, aliento, ánimos, técnicas de afrontación del duelo entre la vida y la muerte más o menos depuradas y olés,  muchos olés.
 

Voz de aliento, de sal y arrimarse,  la perspectiva del toro desde el otro lado y la otra mirada, la de la experiencia, el saber hacer y cómo hacer.
 

En la medida en la cual es el vinculo con el diestro mas fuerte pueden y tiene la capacidad para hacer mover las piezas. Subalternos  en plata o azabache que llevan por bandera la compenetración  y la sapiencia como  elemento unificador y clarificador de una  cuadrilla.
 

 La animal fuerza del oponente  que ha de ser controlada con bazas tan importantes, dentro y fuera de la plaza, como la amistad, la unión, la difícil facilidad de entenderse con un gesto, con un guiño cómplice y a la vez clarificador y eficaz.
 
        Teloneros de lujo y  entrantes perfectos para colmatar la mayoría de los triunfos del matador, favoreciendo todo ello la compenetración y el respeto por encima de todo. Hombres que cambiaron la seda por el percal y que disfrutan de una profesión cargada de satisfacciones y casi a la vez sinsabores, que repletan un equipo de amigos ante todo que se juegan la vida frente al toro.

           

 


Antonio Ocaña - Foto: Eva Morales

La eficacia y la pureza de una labor basada en economizar capotazos, en medir las distancias y pulsear los toros, templar en la brega con el capote muy abajo, mandar en los vaivenes del toro y cargar la suerte con los palitroques. Trasparentes en el ruedo, estar y no estar,  en la medida que se logre el triunfo será el de todos. Apocados  y colosales en el ruedo, logran hurtar ovaciones  a su matador, entremezclando la timidez de saludar montera en mano y la satisfacción personal de haber cumplido con su deber de forma correcta y bella a la vez.
 

 Ejecutar su labor con prontitud y exacta matemática precisión que el aficionado sabio en sus conocimientos, sabe valorar. Sin olvidar el tremendo riesgo que supone el enfrentarse a un animal de más de quinientos kilos de peso y una fuerza brutal, con dos palos adornados de papelillos de color.
 

 Veranos trepidantes apiñados en un furgón de miedos , risas y asfalto que les lleva por toda la geografía taurina, soportando la irremediable tensión de forma idéntica al matador pesando sobre ellos el miedo y soledad en el mismo modo de forma equiparable.
 

Amantes de su labor, revalorizados por el público, espléndidos en banderillas y en la brega tras ejecuciones pletóricas, saben lo difícil que es poner a esta fiesta nuestra, en suerte, como preludio de una gran faena...cuán magnífica es a veces la gestación de las grandes obras propiciadas y favorecidas por ellos.

 El Puerto 23 diciembre 2007
 

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