CRÓNICA DEL FESTEJO

                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                     

Valencia 17 Marzo 2.010 - 7ª feria.

"Cosas buenas de Luque, soltura de Pinar"

FICHA DEL FESTEJO

Valencia. 7ª de feria. Menos de media plaza. Soleado, fresco.
Seis toros de Alcurrucén (Pablo, Eduardo y José Luis Lozano. De muy distintas hechuras y condición. Excelente el cuarto; se empleó con calidad el primero. Manejable el segundo. Fiero un quinto bravucón; agresivo el sexto; pegó cabezazos el tercero.


El Cid, de tabaco y oro, silencio tras un aviso, saludos tras un aviso y silencio.

Daniel Luque, de carmesí y oro, ovación tras un aviso. Herido menos grave por el segundo.

Rubén Pinar, de nácar y oro, silencio tras un aviso y oreja.


Manuel Jesús "El Cid"


 


Las cosas de más fuste, mayor dificultad y autoridad se las hizo Daniel Luque al segundo toro de corrida, que se picó corrido y a pellizcos y se fue suelto de cuatro picotazos. Del último salió con la puya enhebrada tras desarmar al piquero. Corretón desde la partida, abanto, un punto distraído, el toro no acababa de fijarse. La cara arriba, no incierto pero tampoco claro. Había que atreverse.

El toro, como casi todos los demás, tenía mucha leña: remangado, bizco, bien puesto y musculado. Se atrevió el joven Luque, se fue acomodando poco a poco, perdió pasos por una mano, le bajó la otra, no pegó tirones, tocó con tino. Gobernado, el toro acabó metido en el engaño. Como si fuera cosa sencilla. Decisión y asiento de Daniel, a quien perdió un exceso de confianza. O perderle el respeto al toro, que, en un viaje corto y dormido, lo empaló por la izquierda, lo revolcó, le pegó una cornadita superficial y le lesionó la muñeca. Luque mató de estocada a capón y dos descabellos. Un aviso. No hubo tiempo ni de corresponder a la ovación. Se llevaron a Luque a la enfermería y ya no salió.
 
La corrida de Alcurrucén, aunque desigual, tuvo trapío, variedad y respeto. Muy guerrera y viva. Impresionante la astifina corona del primero, finas las astas desde la misma cepa, pitones como dagas; muy ofensivos los dos últimos del reparto. El que iba a haber sido segundo del lote de Luque pasó a jugarse de sexto y cayo de rebote en manos de El Cid. Armado por delante ese sexto, con disuasorias espabiladeras; mazorcas cenicientas y anchas las del otro, que imponían.

El cuarto, enlotado con el más ofensivo, fue, en compensación, el único cómodo de cara. Estrecho, largo, alto. Toro muy completo: el nervio de la bravura, ni una embestida regateada o negada, repeticiones. Y una manera de descolgar que no tuvo ninguno. Estaba en otra línea y otro son. El primero, que sacó de salida el aire abanto tan clásico del encaste Núñez, se fue dando poco a poco, terminó fijo en los engaños, humilló y se fue largo por las dos manos, pero no bastaba con la inercia. Había que reclamarlo.


Es milagro que no haya apenas soplado viento en toda la semana fallera, pero justo durante la lidia de ese primer toro tan armado se interpuso una ligera corriente. Se echó el aire antes de morir el toro. De manera que El Cid se llevó esta vez juntos los dos toros de la corrida. No redondeó con ninguno. A los dos los forró a capotazos de doma –de asegurar sin estirarse ni estrechuras- y con el cuarto renunció muy visiblemente aunque el son del comienzo invitaba a torear a la verónica. En paralelo con tablas le sacó al primero una tanda generosa. Lo escupió mucho en remates abiertos. Y lo mató sin esmero ni acierto. Con el notable cuarto estuvo toreando sin probaturas desde el primer muletazo. Un poco deprisa. Incansable el toro, dispuesto siempre. Más ligera que de calado la faena de El Cid, como siempre que se torea fuera de cacho. Un pinchazo y media soltando el engaño después de una docena de muletazos para encontrar la igualada. El toro que se dejó Luque escarbó, metió la cara entre las manos y, por agresivo a la defensiva, fue de colmillo retorcido. Ya era muy tarde, hacía frío y El Cid cortó por lo sano.


El tercero de corrida, negro girón, calzadito de patas y no de manos, tuvo un punto de genio, tomaba las telas pero pegaba derrotes, no llegó a entregarse, escarbó. Tan listo como suele, Rubén Pinar, sorprendido por un trallazo de los de volar la cabeza a un torero, acertó a taparlo y dominarlo. Algo acarnerado, el quinto tuvo estilo bravo clásico. Aire fiero. Pinar pretendió desbravarlo con capotazos de brega. No fue afortunada la idea. El toro cobró una larga vara de bravucón y otra segunda con desarme de picador. Sangró mal, se quedó algo crudo. No terminó de meterse en la muleta. La cara arriba, un final rajadito. Embestidas cada vez más protestonas. De las de sacudirse el engaño. Le ganó por la mano Pinar: o tapándolo o abriéndose pero sin dejarse ni ver. La cosa tomó deriva populista. Faena de sol, aunque en sombra y con frío. Tuvo mérito. Una estocada. Una oreja fallera.
 

COLPISA - Barquerito

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