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CRÓNICA DEL FESTEJO |
Sevilla 17
Abril 2010 -
9ª de feria
Huían hasta de su sombra. Buscaban la salida cómo locos. Ni capotes, ni caballos, ni banderillas, ni muleta… veían algo por delante y corrían asustados. Sólo querían salirse de donde estaban. Así fue el comportamiento de los “gavira”: mansos como ellos solos. Y así, claro, hacer el toreo es tarea muy difícil para unos y difícil, a secas, para otros. Alejandro Talavante casi lo consigue: toreó pese a la mansedumbre. Toreó, pero no mató. Y es que el toreo que le hizo Talavante al segundo de Gavira fue brillante. No en el sentido de buena faena, que también, sino en el brillo y despaciosidad del pase, no demasiado hilvanado, pero sí largo y rematado. Fue un toreo agradable, con profundidad en el muletazo, que reclamaba la atención de un público que lo veía sin ensimismarse. Depurada faena, -faltas incluidas- ánimo fuertemente expresivo y claridad frente a evanescencia. Lo hecho lo evidencia. Aunque, quizá también, abusó del pico para torear a derecha demasiado despegado restando fuerza y calidad a un trasteo que llegó a la gente de forma inmediata. Talavante mostró un toreo diestro de mano baja, largo, de pulso lento que se difuminó después con la izquierda cuando el mejor toro de Gavira, noble y de notables embestidas, se apagó. Tras el pinchazo hondo le obligaron a saludar. Con quinto otro gran manso, se propuso torearlo donde fuera y quisiera su oponente. Tras larga porfía y la continua huída de toro, lo cazó pegado a la puerta de chiqueros y allí, más con la izquierda que con la derecha, muy despacio, a lo grande, sin tapujos, aunque con altibajos de fondo y forma pero siempre valiente, le trazó naturales ligados y completos circulares. Mató mal, cayó el aviso y de nuevo le obligaron a saludar. Y poco más dio de sí la primera tarde en la que se puso el cartel de “no hay localidades para hoy” en la puerta de taquillas de la plaza. Porque José Antonio Morante es como es. No es torero de vanos intentos, ni de peleas imposibles. Así que macheteó por la cara al manso primero y de media estocada habilidosa lo finiquitó. También huidizo y, además, flojo resultó el cuarto. Destacar una media verónica firmada, un quite por delantales con escasa confianza, y esas breves obras engarzadas, perfectas y emocionales, que son los detalles. No hubo más, Con un pinchazo y descabello acabó. Daniel Luque tiene temperamento. Nadie lo duda. No hay mejor amarre a la hora de abordar la lidia que mostrar su inquietud, su estilo y la propuesta de su toreo. No es este un torero conformista. Le gusta exponer, y no le tiene miedo a nada, le mueve su impulso animista, afianzándose cada tarde el deseo de mostrar unas formas en constante superación. Hoy no lo pudo hacer, mandaba la mansedumbre en el ruedo, la escasa casta, el nulo empuje de unas embestidas necesarias para hacer el toreo. Y se desanimó tras la larga porfía con el tercero. Dibujó algún que otro esbozo de natural y no hubo más. Al sexto, sin embargo, quitó por chicuelinas muy personales, como lo hizo antes a la verónica de majestuosa forma en su turno de quite al primer toro de Talavante. Después fue incapaz de detener las constantes galopadas del manso buscando salidas. El desánimo y el enfado se hicieron notar en el rostro del sevillano de Gerena. Eminente cabreo que descargó con una contundente estocada que tumbó al toro sin puntilla. Los toros de los herederos de Antonio Gavira, que reaparecieron en la Maestranza tras pasadas ausencias, no alcanzaron nota y suspendieron. Les costará volver. Manuel Viera-sevillataurina.com |
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