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CRÓNICA DEL FESTEJO |
Sevilla 12
Abril 2010 -
4ª de feria
Todavia bulle a borbotones la Maestranza, y...pinchó
Ni él, ¿conformista?, se lo podía imaginar: un toro bravo –condeso-, la Maestranza, Feria de Abril, televisión en directo, y toda una plaza predispuesta, tras degustar el toreo, a llevarlo a la gloria. Y mire usted… pincha. Y no una vez, sino seis y…todo se va al garete. Más de uno andará todavía preguntándose por qué Alfonso Oliva Soto no terminó de descerrajar la Puerta del Príncipe cuando todos la veíamos abierta. Su faena al quinto será una de las grandes de la feria, claramente diferente por la importancia del toro, y del torero que insistió con unas formas que recuerdan a otros grandes virtuosos del toreo. Tan emotiva fue que dejó huella en la tarde. La sensibilidad que desprendió en cada uno de los muletazos diestros fue fiel reflejo de la riqueza de una tauromaquia creativa y sensacional. Oliva Soto es uno de esos toreros en continua necesidad de reivindicación. Por coraje y por toreo sigue ahí, y sus formas han vuelto a causar una profunda y agradable impresión. Cualquiera con un poco de sensibilidad se daría cuenta que la faena al bravo toro condeso ha sido auténtica y profunda. El camero puso toda su imaginación durante la lidia ejecutando un refinado toreo sin caer en esa ostentación virtuosa de los que se consideran artistas. Bien mirado, el toreo de Oliva Soto ha tenido retazos de un clasicismo personalizado intercalado con detalles concretos de un arte de “quejío”. Clásico y elegante, Oliva Soto, resolvió con exquisito tacto y mejor toreo las dificultades de unas embestidas a la deriva del segundo, un toro enrazado, complicado y de eminente peligro con el que avisó al torero en un dramático volteo cuando quitaba por chicuelinas. Con agilidad y reflejos confirmó su valor y demostró hacer el toreo a quien nadie pensaba lo podría hacer. Tandas de cuatro y cinco muletazos ligados y rematados. Algún que otro natural y los adornos. Pese a pinchar le pidieron la oreja con fuerza. Se gustó y gustó a la verónica con el importante quinto. Después, ya quedó dicho, al muletazo diestro portentoso, flexible, alegre, grácil, hilvanado se le unió la sensibilidad, la elegancia y la gracia de un torero que olía por todos sus poros a Sevilla. Todavía bulle a borbotones la Maestraza. Y… pinchó.
La tarde de Antonio Nazaré no ha sido una decepción, sino la respuesta a una secuencia que se veía venir con dos toros no aptos para el toreo. Manso, descastado y con demostrados problemas por ambos pitones fue el tercero. La solvencia del nazareno en la ejecución del trasteo, la seriedad con la que abordó la lidia con la que tanteó con ambas manos las aviesas embestidas, da idea del rigor de la faena. Tras el pinchazo y la estocada respetaron su hacer con el silencio. Al noble y manso sexto consiguió sacarle notables muletazos diestros y algún que otro natural largo y templado, aunque lo hecho no tuvo eco en los tendidos, quizá, por la escasa acometividad del toro. La corrida de los Herederos de Conde de la Maza ha manseado de forma generalizada. No obstante, ha mantenido la atención del espectador por movilidad y la emoción del peligro. El quinto fue un gran toro en todos los tercios pese a que en el epílogo de la faena de muleta buscara las tablas.
Manuel Viera-sevillataurina.com |
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