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CRÓNICA DEL FESTEJO |
Sevilla 9 Abril 2010 - 1ª de feria
Volvió Espartaco...
y triunfó
Más allá del gusto de cada cual, las formas mostradas por Luis Miguel Casares y los debutantes Cristian Escribano y Esaú Fernández no terminaron de agradar. Ni de convencer. Los tres quisieron ser fieles exponentes del más puro clasicismo, aunque demasiadas veces parecieron un punto impersonal, casi siempre predecible y lejos de coger la altura deseable cada una de sus faenas. Y hubo utreros para ello.
Con el noble, aunque soso, primero no se le vio de capa. Después no encontró el justo acople con unas embestidas que, sin ser las deseadas por complicadas, no se comían a nadie. Casares lo intentó todo, pero no le salió casi nada. Ni siquiera la estocada que se cayó de lo alto. Cristian Escribano se llevó las más sonoras ovaciones de la tarde en el prólogo de faena al segundo, otro novillo con calidad y nobleza. El debutante, que mostró maneras y buenas ideas, lo citó desde lejos y le cambió el viaje por la espalda para hilvanar después los mejores naturales de la tarde. Con la diestra apuntó alto en una primera serie de tres, un precioso cambio de mano y el obligado de pecho, y... se acabó. La intermitencia del trasteo se hizo presente sin que el debutante madrileño no demostrara más que simplicidad en un toreo que se quedó sin epílogo. La vuelta al ruedo tras la estocada en los bajos se antoja excesiva. Con el quinto, complicado y de escasa calidad, intercaló el buen trazo de algunos muletazos diestros cargados de buena voluntad con un excesivo toreo para afuera. Se puso pesado y hasta le sonó el primer aviso antes de echar mano a la espada. El toreo zurdo que mostró Esaú Fernández con el sexto, balanceándose sobre el ritmo del natural medido con exactitud y seguro pulso, constituyó para el público una gratísima sorpresa. Tanto es así que la elegancia, la originalidad y esa inclusión del adorno y el detalle le inyectaron a sus formas un gusto muy personal. Sin embargo, no sucedió lo mismo con la diestra. Intentó resolver, en buena parte, con enorme voluntad de agradar, sin poder capturar las escasas embestidas de un novillo muy distraído y cambiante. Faena que resultó forzada, ingrata al final, y que sólo le dejó apuntar buenas maneras en los inicios. Con el noble y sosote tercero se gustó a la verónica en los únicos lances de la tarde. Después, el toreo un poco agreste y sin asomo de definición prevaleció sobre los escasos detalles acortando distancias. La buena estocada no le valió ni para la ovación. Hoy volvió Espartaco a la Maestranza y... triunfó. Manuel Viera-sevillataurina.com |
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