CRÓNICA DEL FESTEJO

 

San Sebastián 21 agosto 2010 -

Una de Victorino, desesperante para toreros y público, en San Sebastián

FICHA DEL FESTEJO

Toros de Victorino Martín, aparentes y con desigualdades en el volumen, bajos de raza y de poca fuerza. Corrida imposible para hacer el toreo.

Juan José Padilla: estocada corta (silencio); y pinchazo hondo y estocada desprendida (silencio).

Antonio Ferrera: pinchazo hondo y estocada (ovación); y pinchazo, estocada y descabello (ovación tras aviso).

Diego Urdiales: pinchazo y estocada (ovación); y media tendida y descabello (palmas tras aviso).

La plaza tuvo casi media entrada en tarde espléndida, pero por enésima vez de calor asfixiante al estar la cubierta totalmente cerrada

 

LOS TOROS, NULA APORTACIÓN


Victorino echó una de saldo. Toros sosos y apagados, como mucho de medias embestidas. La mayoría "reponiendo", frenándose y queriendo volverse a mitad del viaje. Como mucho cuando alguno de los seis sacó cierto brío, caso del quinto, lo estropeó con las malas ideas. Pero fue sobre todo la falta de celo lo que caracterizó el envío.

Los toreros, voluntariosos a pesar de los pesares, no pudieron resolver con la nula aportación de los toros.

Sólo Ferrera llegó a interesar en la medida que sus toros fueron menos renuentes. El espectáculo de las banderillas, en el que también hay que incluir a Padilla, pues compartieron ambos el segundo tercio en los dos primeros toros, y actuaron individualmente en sus respectivos segundos, fue lo más notable de la tarde.

Los dos clavaron con exposición y facilidad. El último par de Ferrera al quinto, al cambio y por dentro, fue de nota alta.

También dentro de lo que cabe los "victorinos" brindaron alguna posibilidad para el capote, convenientemente aprovechada por los tres toreros en los seis.

Lances estimables de Ferrera en su primero, al que Urdiales hizo quite por bonitas chicuelitas. Pero después de esto y las banderillas, se defendió el astado en la muleta, en un momento apuntando incluso a la hombrera del torero, que por mucho afán y valor que le echó no llegaría a estructurar faena.

El quinto, en el que otra vez Ferrera estuvo animoso con el percal, llegó también a la muleta repitiendo, pero ayuno de clase. Como mucho "se tragaba" dos, y al tercero ya no quería. Fue toro que duró más, aunque imponiendo la sosería.

Se pidió varias veces la música, pero el presidente -en Illumbe es potestad suya que se arranque la banda- no dio la orden. Mientras la faena, como el toro, se apagaba poco a poco.

El "victorino" que abrió plaza estuvo agarrado al piso sin intención de tomar los engaños el tiempo que Padilla tardó en pensárselo dos veces antes de tomar la espada.

El de peor condición, por el "jiribiri" que sacó, fue sin duda el cuarto, menos mal que compensado por el poco empuje que tuvo. Padilla lo mató sin agobios, que no es poco.

Urdiales interpretó también con gusto el toreo a la verónica, sobre todo en el tercero. Lances con muy buen estilo y mucha disposición. Pero en la muleta se paró el animal a las primeras de cambio. Y por mucho que insistió el torero, nada que hacer.

El sexto daba cabezazos, descompuesto, y aquí se impuso otra vez el riojano a base de querer mucho, sobre todo por el izquierdo, aunque de nuevo la faena, por el toro, se quedó en simples apuntes. EFE
 

EFE

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