CRÓNICA DEL FESTEJO

                                                                                                                                                                   

Madrid 6 Mayo 2010 -  1ª de feria

Una buena tarde de Curro Díaz

FICHA DEL FESTEJO

Madrid. 1ª de feria. Casi lleno. Primaveral.
Cinco toros de “Toros de Salvador Domecq”, de hechuras y condición diferentes, nobles, y un sobrero -6º- de Navalrosal, cinqueño, con personalidad, que dio juego.


Curro Díaz, de verde botella y oro, silencio y una oreja.
Juan Bautista, de azul mahón y oro, silencio en los dos.
Eduardo Gallo, de verde aceituna y oro, silencio en los dos.
 

La primera corrida de San Isidro fue también la primera de las diez donde vendrán a jugarse toros del encaste Tamarón-Domecq. Mayoría absoluta en todas las ferias españolas. Ésta que destapaba el tarro fue de uno de los tres hierros en que se ha dividido la herencia de la que fue ganadería original de El Torero, la de Salvador Domecq y Díez. No fue mala. No será la mejor de todas las de su línea que esperan la hora del desfile. Ni la peor. Sorprendió la desigualdad de su traza. No sólo la variedad. Sino el estilo, el cuajo.

El toro que rompió el fuego de San Isidro, negro mulato, muy descarado, ofensivo, se casó en lote con un cuarto negro girón, badanudo, estrecho y alto, negro, 600 kilos de pizarra, de rara estampa. El lote de Juan Bautista fue también mosaico de líneas: un segundo castaño lombardo, cuellicorto, muy astifino pero con la cara justa para Madrid, y un quinto colorado, de generoso volumen, bien armado. Gallo mató por delante un enmorrillado y acochinado colorado ojo de perdiz que no pudo con su alma ni con sus casi 600 kilos.

El sexto, de finos cabos y finísimas puntas, fue devuelto y se quedó en la duda. Por él entró el primer sobrero de San Isidro, un raro cinqueño de Navalrosal -encaste Núñez- que tuvo personalidad, fue muy bien lidiado por un banderillero nuevo –José Gómez, El Topas- pero picado al destroce y, en fin, metió la cara sin romper del todo. La nota común de esos seis toros del estreno de abono fue la nobleza. Muy acusadamente en el cuarto, que se dejó tentar por el temple pinturero y tan garboso de Curro Díaz.

Visible y sensible en el quinto, con el que no se centró ni asentó Juan Bautista, y por eso pasó a ser el primer toro que se fue. De los toros que se van. El tercero, rebotado y rebrincado, embestía con las manos y no con los riñones. Noble fue, pero nada más. Cumplió suficiente Gallo. El primero de corrida se blandeó en el caballo y se escupió, se acostaba por las dos manos, parecía que no. Pero, firme, Curro Díaz lo manejó y consintió con auténtico oficio, mucha paciencia, pulso, buen gusto y las ventajas imprescindibles para gobernar en uve los viajes de un toro tan descarado. Una buena faena. Con muletazos muy bien pintados. Tampoco fue sencillo el segundo, mugidor, suelto del caballo, guerrero más que entregado, que disparaba en los remates de suerte. A Juan Bautista le costó acomodarse a la velocidad desordenada del toro. Por fuera los muletazos, enganchados casi siempre. Una excelente estocada puso paz.

Desiguales los lances de recibo de Curro Díaz al cuarto. Pero de menos a más en asiento, aire e ideas una faena sin cata por la mano izquierda, pero fina por la diestra. Sin enganchar toro, pero sabiéndolo traer de fuera adentro, dibujar los derechazos en rosca sueltos, adornarse con estilo en el toreo cambiado: trincheras, los de pecho, un casi kikirikí. Y una estocada perpendicular pero de las de saber matar. Y esa fue la primera oreja de la feria. Gallo estuvo a punto de calentarse con el sobrero de Navalrosal, pero le faltó el punto de descaro con que se rinden tantos toros. No elegiría buen terreno. De rayas afuera le costó al toro más que en tablas o entre las rayas. Un final inapropiado de faena por rizos y rerrizos de toreo encimista. La estocada entró a la cuarta. Un aviso.

 

Colpisa - Barquerito

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