CRÓNICA DEL FESTEJO

                                                                                                                                                                   

Madrid 2 Mayo 2010 -

La oscura corrida del 2 de mayo"

FICHA DEL FESTEJO

Madrid. 3ª de la Feria de la Comunidad. Corrida goyesca. Más de media plaza. Primaveral.
Tres toros –2º, 3º y 4º- de Carmen Segovia y tres -1º, 5º y 6º- del Conde de Mayalde. Cinqueños todos. De bastas y desiguales hechuras. El segundo de Segovia y el último de Mayalde se dejaron sin más. Se echó afligido el quinto. Noble un primero algo informal; a la defensiva el tercero; venido abajo el cuarto.

José Luis Moreno, de blanco y negro, saludos tras un aviso y silencio tras un aviso.
Diego Urdiales, de mostaza y negro, saludos tras dos avisos y silencio.
Sergio Aguilar, de carmín y negro, silencio y vuelta.
 

Un sorprendente imprevisto: programada con meses de antelación, la corrida de Carmen Segovia no pasó completa los reconocimientos. Sólo tres toros. Cada uno de una manera. Dos de ellos, cinqueños. Con el cuajo de la edad los dos: un segundo ensillado, acarneradito, muy levantado de salida, 570 kilos, gruesa caja, basto remate, escobillado, las sienes estrechas; y un cuarto de anchas mazorcas, hondura no armoniosa, mero cuajo, casi 600 kilos también. El otro superviviente, negro salpicado, tuvo más fina lámina. Iba a cumplir los cinco años en agosto.

Ninguno de los tres vino a ser de mayor gloria. El segundo, que derribó en un arreón y descabalgó en un segundo viaje, fue de ir y venir sin darse ni romperse. Distraídos los finales. Manejable, casi dócil. De muerte muy resistida, de las de tragar sangre y amorcillarse. Con ese toro estuvo arrancado, templado, encajado y firme Diego Urdiales. La muleta dominadora por abajo, seguras las soluciones de trinchera o de pecho que abrocharon airosas tandas seguras por las dos manos. Larga pero viva y celebrada la faena, un aviso antes de cambiar de espada el torero de Arnedo, una estocada a capón, una manifiesta pero disimulada renuncia a descabellar, un segundo aviso, rodó el toro al tercer descabello.
 
El otro cinqueño de Carmen Segovia, cuarto de corrida, galopó pero destartaladamente –lances agitados de José Luis Moreno-, derribó de bruto en la primera vara –un quite desgarradote del propio torero de Dos Torres-, un segundo puyazo de mucho sangrar, un quite incompleto de Urdiales y un cambio de decoración: en banderillas esperó y cortó el toro como si avisara de cuál iba a ser su son. La irregularidad; una embestida franca, pero la de vuelta era un taponazo, una estirada de repente, una aflicción final de toro encogido. No llegó a estar cómodo con él José Luis Moreno. Hermosos remates, intentos más que logros por la mano derecha, nada que hacer por la otra. La cara del toro entre las manos en manifiesto de mansedumbre. Dos pinchazos, y un aviso tras el segundo, una estocada defectuosa, dos descabellos.

Era la única tarde que José Luis Moreno tenía firmada en Madrid en las tres ferias de primavera. No Urdiales, que saldrá dos veces más. Ni Sergio Aguilar, que comparecerá en la última semana de San Isidro. Para Sergio fue el tercero de los tres toros de Carmen Segovia salvados de la quema. Un toro con las orejas en jaque y de estilo defensivo, aunque pronto en los ataques al caballo. No se empleó: cabeceos de sacudirse engaños, y en ellos un desarme de Sergio, una embestida rengada más al trote que otra cosa, de no meter la cara. Hasta pararse y venirse del todo abajo. Una estocada excelente. Sin puntilla.

Por la corrida de Carmen Segovia suspiraban muchos hace no tanto. De los tres toros de la parte Domecq del Conde de Mayalde que completaron corrida, también dos eran cinqueños. Y el último de festejo cumplía los seis del máximo reglamentario en noviembre. Sin ser gloria bendita precisamente, ese abuelo de la feria humilló y, sin celo ni codicia, repitió las embestidas. ¿Se dejó? Se dejó.
Pero era flojito, amenazaba con claudicar y el gas le dio para viajes cortos. Sergio Aguilar se templó con la zurda en dos tandas tardías, postre de una faena que pecó de tibia. No por la frialdad inherente a los que torean descolgados de hombros y posando las plantas; sino por abusar del toreo vertical y en línea. Caliente el final.

El quinto de corrida, casi cinqueño, las manos por delante, tardo y remolón, se echó no una sino tres veces y hasta cuatro. Dos viajes despendolados a principio de faena cuando le dio Urdiales generosa distancia. Y enseguida cantó la gallina. Tres veces. Nada que rascar. El primer mayalde fue, dentro de una corrida desigual, el de más cara: muy abierto de cuerna, casi playero, apaisado, de los que no caben en los engaños. Mansito en varas, enterró pitones en un volatín sólo al cuarto muletazo. Lo acusó. No descolgó. Moreno tiró de él en muletazos enganchados por el hocico. Desigual el acople. Un poco tenso el torero, forzada la figura, sincera, sin embargo, la expresión. El toro lo acabó viendo y mirando. La solución, difícil: muletazos al hilo del pitón. Hermosos pases cambiados en los remates. No se entregó el toro. Una estocada tendida, un pinchazo, estocada ladeada, dos descabellos. Muy largo.
 

Colpisa - Barquerito

 Laplazareal.net © casemo