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CRÓNICA DEL FESTEJO |
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Ajalvir (Madrid) 13 Febrero 2010 - |
Corrida exageradamente amable en Ajalvir, con la terna a hombros |
Pese a todo, más frio que diversión.
Un toro indultado, y los tres toreros a hombros, son las notas destacadas de la corrida exageradamente amable que cerró hoy la Feria de San Blas en Ajalvir, a unos cuarenta kilómetros de Madrid. No fue tanto el realce artístico de la función. De hecho, la poca gente del tendido salió que se las pelaba antes de ver la salida triunfal a hombros de los tres espadas. En justicia tenía que haber estado también en la Puerta Grande el mayoral de la ganadería, atendiendo al honor que confiere un indulto y el buen tono mismo del conjunto lidiado. Pero no hubo quien reclamara su presencia. Incongruencia e ingratitud. La fría anochecida, mientras Palacios se peleaba con el descabello tratando de acabar con el sexto toro, puso alas para una huida que encontraría su mejor refugio en el anhelado cafetito, que a la postre iba a ser lo mejor de la gélida tarde. Por orden de intervenciones y méritos, hay que destacar al francés Marc Serrano, veterano en la profesión, aunque no lo suficientemente conocido. Atesora buen oficio, que dejó patente frente al desclasado primero, toro que se movió, pero quedándose corto. De nuevo en el cuarto anduvo Serrano con muchas ganas y sobrado de recursos. Sánchez Vara no llegó a templarse lo suficiente en su primero a pesar de la limpieza que tuvo el trasteo, que pecó de aceleración. Había lucido en el capote tanto en el recibo a la verónica como en posterior quite por "navarras", y banderilleó también fácil. Pero el fallo a espadas le privó del posible trofeo. La faena del indulto, al quinto, fue lo que se dice bullanguera, terminó que habla más en contra que a favor del torero. Tampoco las cualidades del astado eran para el exagerado honor final, por su escasa presencia, por no humillar lo suficiente y por la cortedad de sus embestidas. Un cargo de conciencia para el presidente y los cuatro vociferantes que influyeron en su decisión. Palacios se acopló bien a las nobles embestidas de su primero, un toro con calidad. La faena tuvo aguante y firmeza, y gusto en la interpretación. Sin embargo, no dio la talla frente al sexto, el mejor con diferencia del encierro. Palacios estuvo con menos ambición y desacertado al matar. EFE
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