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CRÓNICA DEL FESTEJO |
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Manizales (Colombia) 10 Enero 2010 - Última corrida de feria |
Triunfo de Bolívar, maestría de Ponce y orejas para Cayetano en Manizales |
La diferencia entre una buena faena y la maestría quedó hoy en evidencia. Enrique Ponce falló con la espada, pero toreó como los ángeles, como no se ha escrito en un tratado, ni se podía soñar hace pocas décadas. ¿Qué hace distinto a Ponce? ¿Es sólo su composición estética, su toreo relajado de muleta planchada? Es algo más. Es añadir lo que los toros no tienen, recetar lo adecuado, sin errores y a partir de ahí gustarse y lograr el goce estético en los tendidos. Al cuarto, el valenciano Ponce le enseñó la muleta, le ligó los doblones sin dejar al toro orientarse, ni pensar. Luego en los medios se la dejó en la cara y lo llevó con cruda suavidad con firme trazo, completando series de una nueva hermosura. Muy a la contra Bolívar, al quinto, le propinó pases cambiados en los medios (el toro ya había esperado en banderillas), siguiendo el "castellismo-pererismo" tan en boga. El colombiano debió empezar de dentro a afuera, no dejarlo ir, que fue el defecto acusado de todo el encierro, y a partir de ahí construir su faena. Sin cimientos no se edifica. Sin embargo, fue muy limpia su faena y tuvo plasticidad. Cayetano Rivera, a pesar de descubrir que el sexto en los medios perdía la querencia a tablas, dejó que se le fuera e intentó torearlo ahí, cerrado casi en la primera raya. Así logró bellos muletazos, lentos, pero también el madrileño se embarulló y la faena perdió la unidad necesaria que hubiera adquirido de haberlo toreado en los medios, donde en una serie ralentizó el toro su embestida y siguió la muleta sin perderla de vista. El toreo tiene lecciones que dar y ello es lo que dejó hoy el encierro de Miguel Gutiérrez. Los toros salieron sueltos, todos distraídos, unos más y otros menos. No se puede negar que la alquimia lograda por los Gutiérrez es única, unión entre lo Murube y lo Santa Coloma, un cruce de sangres cuyos resultados es dulce, la medida de la toreabilidad apetecida por los toreros. En el primero, Ponce toreó bien y encandiló. Empezó con la rodilla flexionada pero con el remate del muletazo por alto para no quebrantar la voluntad del toro. Luego toreó despacio, con limpieza santificada y fue a más, sin intentar adueñarse de la voluntad del toro que a lo mejor fue lo indicado. Lo sabrá el maestro. De Bolívar lo mejor en el segundo de la tarde fue su izquierda, su lentitud, buen ritmo, engancharlo preciso, saber rematar cada serie en el momento adecuado. El quinto fue otro toro con espectacular fondo de nobleza, pero en las afueras se veía perdido y deslucía el conjunto. Cayetano tuvo mérito en su primero, que por el izquierdo le pegaba parones que aguantó firme. Aún así, sobre todo por el derecho toreó con profundidad, por abajo, sin largura pero rematando atrás, de la cadera el muletazo. Fue una faena más de Rivera que de Ordóñez, aunque su estocada fue "ordoñista". Ese cruce de estirpes toreras le ha aportado a Cayetano virtudes por igual, sin que aún definan su toreo. EFE Baldomero Cáceres Vegas
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