Cayetano corta dos orejas y salva la
tercera de abono en Lima
FICHA DEL FESTEJO
Seis toros de La
Ahumada de
Medellín,
Colombia, con
procedencia
Jandilla-Juan
Pedro Domecq,
muy justos de
presentación,
que mansearon y
cuya falta de
raza deslució el
festejo.
Se salvó el
sexto, algo
rajado pero de
súbitas y
alegres
arrancadas.
Morante de la
Puebla; Pinchazo
y media estocada
(palmas) y
pinchazo y
estocada honda
(silencio)
Miguel Ángel
Perera; Estocada
baja y cuatro
descabellos
(silencio) y
estocada entera
(palmas)
Cayetano Rivera;
Entera
desprendida
(división de
opiniones) y
pinchazo y
estocadón
fulminante (dos
orejas)
Tres cuartos de
plaza en tarde
nublada.
El banderillero
español Rafael
Cuestas fue
cogido en el
cuarto de la
tarde y resultó
con fractura del
tobillo.
Saludaron
montera en mano
el subalterno
nacional Dennis
Castillo y el
hispano Juan
Sierra, tras
sendos pares de
banderillas.
El torero español Cayetano Rivera Ordóñez ha salido hoy por
la puerta grande de la plaza de toros de Acho tras cortar las
orejas al último animal en una tarde de expectativas frustradas
por la mansedumbre de los astados de La Ahumada.
A Cayetano el azar le puso en sus manos al único bueno de la
corrida, un toro castaño de vibrantes embestidas y al que el
torero español le hizo una faena con muletazos de todas las
marcas.
Inició esta faena de rodillas para consumar luego muletazos que
calentaron el ambiente.
La vieja plaza bicentenaria de Acho crujió entonces, pues el
madrileño supo poner vibración y se acopló a las embestidas del
animal que, a pesar de lo discontinuo de sus arrancadas, ofreció
posibilidades mayores.
Cayetano echó mano de todo el repertorio. Primero con mucha
raza, con sed de conquista para luego atemperarse con lo que
bordó muletazos por ambos lados, que fueron lentos y
enfervorizaron al público. Pinchó, pero luego tiró al toro sin
puntilla lo que contribuyó al pedido masivo de orejas.
En su primero, que se partió la pezuña mediada la faena, lo
intentó sobre el lado izquierdo, el mejor del toro. Tuvo algún
fondo el de La Ahumada pero, inválido este, no le dejó otra
opción a Rivera que la de abreviar.
Abrió el festejo Morante de la Puebla que dejó señas evidentes
de su arte y buena predisposición.
Los silencios que acompañaron su actuación fueron de compañía,
de ilusión por verlo en plenitud. Desgraciadamente, su lote fue
imposible, defendiéndose, brusco y apretando siempre hacia
adentro el primero, al que instrumentó suaves muletazos por
alto, pulseándolo leve, intentando que el toro se entregara.
Manso y huidizo el quinto, no se la dejó tampoco en bandeja.
Intentó el sevillano meterlo en la muleta en vano y dejó en
claro que sus intenciones eran de verdad. Lástima, su notorio
desaliento solo pudo ser compensado por las palmas que lo
despidieron al cruzar el ruedo, mientras Cayetano era alzado en
hombros.
Miguel Ángel Perera dejó intacto su cartel en Lima. Huyendo de
su sombra, su primero, terciado y manso, no repitió embestidas a
pesar del lugar que Perera pisó.
Al quinto lo intentó meter al canasto con suavidad y colocación.
El de La Ahumada, se rompió, como el tercero del encierro, la
pezuña, consecuencia segura de las copiosas lluvias que inundan
los campos colombianos.
Cayetano superó expectativas y convenció a un público dispuesto
a medirlo y al que, finalmente conquistó, que lo vio torear y
triunfar, como años atrás lo hicieran su padre, sus tíos y a
Antonio Ordóñez, su abuelo.