CRÓNICA DEL FESTEJO

 

Madrid 5 Abril 2009

Uceda Leal, oreja y cornada en Madrid

FICHA DEL FESTEJO

TOROS
Cinco toros de Puerto de San Lorenzo (Lorenzo Fraile) y un sobrero de María Cascón, jugado de segundo sobrero y como sexto bis, basto, armado y manso. La corrida del Puerto, muy ofensiva y cuajada, cumplió bien en el caballo y salió desigual. El primero fue el de mejor estilo. Agresivo el tercero. Violentos segundo y quinto. Manejable pero repuso el cuarto.

ESPADAS

Uceda Leal, de blanco y oro, una oreja. Cogido y herido por el primero. Cornada de 20 cms. en el muslo izquierdo de pronóstico grave.

Juan Bautista, de celeste y oro, saludos, silencio y silencio.

 Luis Bolívar, de verde aceituna y oro, silencio en los dos.


 

INCIDENCIAS
El torero de Usera hizo el paseíllo a pesar de la muerte repentina de su padre la noche del sábado. Una oreja y una cornada. Corrida muy armada y desigual de Lorenzo Fraile.
 

 

Cogida de Uceda - Foto: Lasventas.com

 

Corrida de Inauguración. Primaveral, algo ventoso. Casi media plaza.
Las vísperas y el prólogo fueron muy emotivos. Se tuvo noticia la noche del sábado de de la repentina muerte de Pedro Uceda, padre de José Ignacio Uceda Leal. Padre, consejero, maestro, su seguidor más fiel. Hombre de ley, excelente aficionado cabal. Por rendir homenaje a su padre, Uceda decidió torear. Detalles que sólo se entienden en clave taurina. Uceda y su cuadrilla llevaban lazos negros de luto en la manga. Se guardó un minuto de silencio al término del paseíllo. De los más largos y respetados que se recuerden. Se subrayó con una cerrada ovación. Después de romperse filas y ya idos los tiros de mulillas, volvió a romper una ovación de trueno. Aunque se resistió, Uceda tuvo que salir a saludar al tercio. Costaría mucho contener la emoción.
Y luego empezó la corrida. Que fue una señora corrida de toros. Por el cuajo, el trapío y la armadura. La media, cerca de los 600 kilos. Y eso que no hubo excesos de carnes, De las dos ramas del Puerto de San Lorenzo: más en línea de lo de Lisardo Sánchez los jugados de tercero y cuarto bis; más en Atanasio los tres restantes. Con la corrida empezó también un imprevisto espectáculo. De ocho toros y no seis, con dos sobreros y uno devuelto, con el público más del revés que del derecho.
Y con una nota capital, que fue un percance grave: a final de faena, el primero de la tarde prendió en un embroque por la izquierda a Uceda por la pernera, fue certero e hizo sangre al cobrar la prenda y le pegó una voltereta brutal que lo dejó medio inconsciente. En uno de los portones del callejón, Uceda, vuelto en sí, se deshizo de las asistencias que trataban de llevarlo cargado a la enfermería, se dejó atar un torniquete en la pierna herida y, en ambiente de gran dramatismo, pidió la espada, volvió al toro y lo tundió de una estocada trasera pero suficiente. No tuvo Uceda ni tiempo de recoger la oreja de premio, que llevaba carga sentimental. El gesto doble: torear de luto y pasar a espada al mismo toro que lo acababa de herir de gravedad.
Este segundo gesto dejó a Juan Bautista en la dura tesitura de tener que matar tres de los seis pavos del encierro. El toro de la cornada, trotón y abanto de salida, con el puntito manso de apuntar a tablas, fue, aunque una gota celoso, el más claro de los seis. Se metía un poco por la mano izquierda, se desplazó con buen son por la otra. Uceda se templó en cuatro buenos lances de salida, Juan Bautista remató con media primorosa un lindo quite de dos verónicas, en un choque frontal a la salida del segundo par de banderillas estuvieron a punto de rodar por el suelo y a merced del toro el banderillero oscense Pablo Ciprés y Luis Bolívar, Uceda brindó a la memoria de su señor padre que en gloria esté y después vino una faena atendida con aliento y cariño. Algo al hilo Uceda, y ahí lo sorprendía el toro por norma. Faena fiel al estilo ortodoxo, compuesto y vertical de Uceda, bien encajado, muy serio. Y algo chillón.

A Juan Bautista le tocó esperar la salida de cinco toros y a cuál más serio. El primero de su lote, 600 kilos, blancas palas, grave acento y muy llorón, sacó la brusquedad clásica del atanasio moderno y pegó arreones; el cuarto de la tarde –quinto del sorteo, pero soltado a turno corrido- remangado de pitones, 615 kilos, galopante relámpago, de solícita movilidad, perdió las manos tras dos puyazos en esa salida de varas tan cuesta arriba del ruedo de Madrid, se abrió paso una protesta y fue devuelto con casi todos los deberes hechos; el cuarto bis, segundo de lote de Uceda, veleto, de formidables bufar y resoplar, escarbó, se rebrincó o vino al paso, repuso y se frenó, no fue sencillo; el sexto, que era primer sobrero, del hierro de Montealto, encaste Ventorrillo-Juan Pedro, rubio con hechuras de bisonte, de cuello muy frondoso, cinqueño cumplido, descoordinado tras un lanzazo y dado por inválido y devuelto; y un sexto bis, segundo sobrero, del hierro de María Cascón, también cinqueño cumplido, otros 600 kilos del ala, frentudo y tanto que se le daba cara de úrsido, y manso protestón y regañado, venido abajo a las primeras de cambio.


Descaradísimos
Luis Bolívar se llevó dos toros descaradísimos: un tercero de sobresalientes pies y un sexto –corrido de quinto- que embistió a golpes muy agresivamente. Juan Bautista lidió con mimo, cordura y cabeza, templada y sosegadamente, sin un capotazo de más. Se encontró un eco refractario. Un picador de lujo en su cuadrilla: Ignacio María Cenizo, soberbio en un puyazo de puerta a caballo alzado al segundo de corrida y casi igual de brillante para agarrarse con el sobrero de Cascón en un ataque de oleada. Paciente y firme, estorbado por el viento, el torero de Arles compuso con calma, limpieza y gusto una hermosa faena al segundo toro de Lorenzo Fraile. Entre rayas y frente a chiqueros, en territorio de mansos en Madrid, la mano baja, ligeramente enganchado por fuera el toro, ligados sin perder pasos los muletazos de tanda, bien abrochadas todas. Sometido el toro, podido y gobernado. Por la mano diestra. Por la zurda, fue toro insolente, violento. Una estocada caída dejó sin premio tan notable trabajo. A Bolívar le costó pararse con el tercero, cuyo balcón era de escalofrío. Toros de los que por envergadura no caben en la muleta. El viento no dejó a Juan Bautista terminar de animarse con el cuarto bis, que, por reponer, no permitía florituras sino puro dominio. No hubo acuerdo. Bolívar, algo eléctrico, esquivó los derrotes del segundo de lote sin decidirse a castigarlo. Y, a corrida ya caía, Juan Bautista se deshizo sin agobios del toraco de María Cascón, que parecía de circo y carromato, dejó de pasar de repente y parecía estar deseando acabar.


(COLPISA, Barquerito)


 

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