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CRÓNICA DEL FESTEJO |
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Zaragoza 15 Octubre 2009 - |
Ferrera, en su mejor versión, corta una oreja de peso |
Emocionante minuto de silencio en los prolegómenos para recordar la figura de un torero de suma pureza, y exigente crítico sin perder el sentido de la justicia, el maestro Juan Posada. Su ejemplo en el ruedo y su doctrina en la profesión periodística son ya imborrables.
Recuerdos también va a dejar la corrida de hoy en Zaragoza, pero serán otro tipo de añoranzas. Pues resulta que la ganadería de Antonio Bañuelos -predilecta de los toreros de primera fila por el tipo de toro recortadito y noble que suele echar en plazas y ferias "de segunda" con cierto postín- todavía guardaba en el campo una corrida mastodóntica. Habría que preguntarle al ganadero dónde los pensaba lidiar, y para qué figuras, o acaso los tenía reservados para las calles de uno de esos pueblos del Levante con afición al toro grande y de pitones cuanto más desarrollados y astifinos mejor. Porque los toritos de esta ocasión eran lo más propio para el "Bou al Carrer", el "Bou Ensogat", el "Bou del Foc" o el "Bou" de cualquier otra variedad callejera (no haría falta traducir del valenciano bou=toro, carrer=de las calles, ensogat=ensogado, foc=fuego, por la extraordinaria similitud con el castellano). El caso es que los tres espadas pasaron un quinario con "los bous" de Bañuelos. Moreno con un lote imposible. Bronco y paradójicamente soso el primero. Faena lo que se dice sin pena ni gloria, aunque todavía hubo algún muletazo suelto estimable, de muy buen corte sobre todo los remates de pecho. El cuarto, manso redomado, haciéndose fuerte en tablas, sin embargo, llevó también su ración de pases en la querencia, gracias a la voluntad y los arrestos del rubio torero cordobés. Ferrera, con el lote menos malo, cumplió una actuación muy sincera. Especialmente vibrante en banderillas, tanto en los preparativos como en la ejecución y salidas de las suertes, con quiebros y requiebros, carreras y saltos, y teniendo en cuenta que clavó siempre en la cara y ajustado. Su primera faena fue rápida, conforme a las exigencias del toro, que se movía como una exhalación. Pero no hubo prisas aunque parezca paradójico. Incluso a la velocidad que llevaba el toro se puede hablar de temple. Fue un toreo vistoso, alegre, limpio y sin enganchones. Muy de verdad. A todo esto, la estocada, de premio. Parece mentira, citar en corto dejándose llegar esas dos guadañas para hacer "la cruz" como explican las tauromaquias. Insólita la salida del torero, una vez resuelta la reunión con absoluta limpieza. La muerte fue espectacular. Y la oreja de ley. Con el quinto estuvo por un momento Ferrera en el umbral de la Puerta Grande. Otra faena en ese estilo de querer mucho, rapidito pero dejando poso, lo que se dice "llegando" mucho al tendido. Si mete la espada a la primera, hubiera cortado la otra oreja para asegurarse la salida a hombros. El mérito de Urdiales con dos toros infames fue también no arrugarse. Al mansísismo sobrero tris de Palla le persiguió por toda la plaza. Y en el sexto, rebrincado y descompuesto, todavía tuvo agallas el riojano para templarse y querer acompasar tan brutas embestidas. Poco bueno y sólo por la derecha, por el único pitón que medio se dejó engañar. EFE |
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