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CRÓNICA DEL FESTEJO |
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Valencia - 19 Julio 2009 - |
| Novilleros poco hechos |
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Pedro Marín tiene
predicamento en
Valencia, pues aquí
resultó herido de
carácter gravísimo en el
otoño de hace dos años,
y en este mismo
escenario, en la
reaparición, cinco meses
después, alcanzó un
notable éxito. Hoy ha
firmado los mejores
pasajes del festejo.
Su primero dio poco de
si, defendiéndose mucho.
Marín lo había toreado
bien a la verónica, en
uno de los pasajes más
bonitos que iba a tener
la tarde. Pero en la
muleta se paró el astado
tras una primera tanda a
derechas. También contó
el viento como
dificultad añadida. No
obstante, todavía logró
el torero algún pase
suelto que mereció la
pena, ganándole la
acción al novillo en el
cite al pitón contrario.
Al final el fallo a
espadas dejó al público
sin pronunciarse.
En el cuarto, algún
muletazo de buen son,
con gusto y temple.
Aunque muchas
desigualdades a lo largo
del trasteo. El novillo,
bajo de raza, reservón y
sin clase. Fue buena la
intención del novillero
a pesar de que al
conjunto le faltó
unidad. Sonó el aviso
mientras toreaba. Pero
terminó cortando la
oreja.
El primero de Pascual
Javier tuvo buena
condición, y tardó en
enterarse el novillero,
destemplado y al aire
del novillo, que no
dejaba de embestir.
Siempre fuera de cacho y
acompañando las
embestidas, Javier dio
muchos pases sin dejar
ningún poso. Le dieron
una oreja que le puede
perjudicar más que
beneficiar de cara al
futuro, pues al fin y al
cabo un triunfo en plaza
"de primera" le va a
crear expectativas que
difícilmente podrá
alcanzar dado el estilo
y ánimo mostrados.
El quinto, rebrincadito
al principio, y venido
abajo pronto, tuvo pocas
pero nobles embestidas.
Con menos peligro que el
carretón, a Pascual
Javier, sin embargo, le
sirvió de poco.
Inexplicable lo de
Antonio Hernández,
novillero ya talludito,
con treinta años
cumplidos y todavía por
aprender el oficio. Se
supone que su afición es
grande, la única manera
de justificar que
todavía siga en la
lucha.
En Fallas fue herido de
carácter grave. Y hoy ha
vuelto, quizás por el
compromiso de la empresa
de darle otra
oportunidad que entonces
no fue tal. Lo duro es
verle en la cara del
toro. Incapaz, más que
medroso, falto de
facultades y atenazado
por las dudas, su
primera faena fue un
constante quiero y no
puedo. También el
novillo, basto y bronco,
tuvo sus dificultades. Y
el viento. Demasiadas
cosas en contra para
Antonio Hernández, que
se quitaba cada vez que
le venía el novillo.
Sin embargo,
sorprendente lo que le
hizo al sexto, un buen
ejemplar que se
desplazaba largo y
humillado por los dos
pitones. Por un momento
fue capaz de quedarse
quieto, en dos tandas
por el derecho de mucha
emoción. Bajó la mano y
lo llevó muy toreado.
Nada que ver lo anterior
con esto. Pero sin continuidad. El novillo iba todavía mejor por el izquierdo, y ahí no fue capaz el novillero. Sin duda se manejaba mejor ayudándose con la espada. La faena fue a menos, desarme incluido en las postrimerías. Y otra vez, mal al matar
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