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CRÓNICA DEL FESTEJO |
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San Sebastián - 12 Agosto 2009 - |
| Primor y carácter de El Juli |
El gran
detalle de
Esplá fue no
meterse en
la tronera
cuando el
cuarto toro
hizo hilo
con él
después de
las
jacarandas
de un
segundo par
de
banderillas
del que
salió
perseguido.
Sino seguir
corriendo
por delante.
Como un
torero
nuevecito.
Un susto
importante.
La vergüenza
torera. Para
cerrar
tercio Esplá
prendió,
cerrado en
tablas, un
violín al
cuarteo. El
primer par
al violín
que ponía en
Illumbe y el
último,
porque esta
corrida de
despedida,
improvisada
en una
sustitución,
la de
Cayetano
Rivera, era
también la
de su debut.
Su primera
tarde en San
Sebastián.
Cuando derribaron la plaza vieja, Esplá andaba de becerrista. Cuando inauguraron la nueva, ya había cumplido más de veinte años de alternativa y no halló hueco. Hola y adiós. Con su gestualidad inimitable, Esplá dio a sentir que la plaza le gustaba. Tal vez no se la esperara tan cálida y bien cortada por dentro. Ni tan buen piso para torear. Sólo la habría visto desde fuera y empotrada contra el monte. Le fue propicia a Esplá la suerte: el primer toro que mataba en San Sebastián estuvo en el tipo clásico de Jandilla. Las puntas por delante y las sienes altas, casi cubeto, fino de cabos, negro listón. Escarbó, pero fue buen toro: fijeza y son de bravo. Protestó en los muletazos recortados, consintió en los de trazo largo. Esplá no se propuso someterlo, sino pintar con él. Lo hizo en el saludo de capa con lances rápidos y en una galleo por chicuelinas. Aviso del toreo al paso que iba a ser seña de esta rara tarde de despedida y presentación, A ese toro primero le puso Esplá tres pares buenos. Sorprendente el segundo, de poder a poder, por los riegos tomados y por la manera de sacar los brazos en el embroque. Un par de muletazos de bandera de frente, una tanda final de costadillo, un pinchazo y una estocada de recurso atravesada. El cuarto fue pura bondad. Esplá se lució en un galleo de frente por detrás de rancio dibujo movido, hizo un quite de lances de costado muy gracioso y, luego de brindar al público, se enredó en faena de justa y corta apuesta pero sembrada de detalles: dos pases en el estribo, un molinete de frente y recurso a mitad de tanda, una salida de tijerilla, mucho andar de lance en lance, un cambio de mano al paso y por delante, un apunte de toreo de frente, un abanico y un desplante. Y una estocada de estilo lagartijero de efecto letal. Una oreja. Después de pasear Esplá feliz esa oreja, salió El Juli con volcánico gesto. La suerte le había sido adversa. El segundo jandilla, lustroso, chorreado en morcillo, playerito y astifino, sin cuello apenas, fue violento marrajo. Se vino sesgado a embroques. Cuando se lanzaba, parecía topar y no embestir. Escarbó y se dolió. Roncaba como enfermo. El toro de más guasa de cuanto va de feria. Descompuesto, atizó estopa por las dos manos., Gaitazos. No pasaba, sino que, la cara por las nubes, los derrotes llegaban a mitad de embroque. No importó. Pura diligencia, El Juli se puso y remangó. Manejó en los medios con habilidad los golpes de garfio, que le rozaron tres o cuatro veces la cara y el cuello. No se arrugó, le ganó al toro por la mano. Llegó a desplantarse cuando sintió que la fiera ya no mordía. El genio de los mansos y el genio del torero. Un pinchazo hondo y tres descabellos. El destino decidió compensar a Julián con un quinto de corrida de notable calidad. Mugió como hacen a veces los mansos. Y los bravos también. El Juli volcánico y, por tanto, El Juli entero, que es mucho torero. El saludo de capa fue antológico: madeja de lances a la verónica, a pies juntos primero, a medio compás luego, y ganando terreno en cada uno. Despacio, despacio. De un puyazo que Julián pidió suave salió el toro mermado y pisando mal. Pero, después de verlo asentado, quitó El Juli. De largo: chicuelinas y tafalleras, la última de ellas a rosca y a pulso, y una larga con la firma de la casa. Al público la faena, que fue un derroche de poder, temple y mimo. Sólo dos muletazos de tanteo y ya estuvo El Juli en los medios. Y en todas las distancias: larga, corta y media. Por las dos manos en tandas de acariciar. Ceñido ajuste, despacio. Ni un tirón. La sensibilidad de El Juli cuando tiene en la mano un toro tan agradecido. Y la entrega. Concesiones a la mayoría: circulares con cambios de mano, péndulos, desplantes de encajarse y vencerse tanto que con la cabeza se columpiaba sobre el testuz. Sentido del terreno: el que quiso El Juli. Y un final clásico de muletazos ayudados para buscar la igualada. Una estocada trasera, muerte lenta, un descabello en la puerta de toriles. Una oreja. Sólo una. Se pidió otra. La faena de la feria. Una oreja también para Daniel Luque, que era nuevo en Illumbe y atacó muy en tromba a un tercero de corrida que, venido arriba, sacó la correa que saca el toro de sangre Jandilla cuando no va metido en el engaño. La correa, y el corazón para embestir y repetir. Un volatín completo pareció mermar al toro antes de varas. La casta pudo con todo. Precipitado, Luque salió airoso y apurado. Una estocada caída, rueda de peones. No hubo acople con un sexto que se vino arriba pero con brusquedad. Hubo que perder pasos para no ahogarse. Le brindó Luque el toro a Esplá. El toro había derribado pero se había quedado sin picar. La gente empujó. Una tanda de darlo todo. Pero chocaba el toro por sistema. Hasta que empezó a buscar con la mirada primero y con los pies después la puerta de las cuadras, que en Illumbe es querencia clásica a las ocho de la noche Colpisa - Barquerito |
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