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FICHA DEL FESTEJO |
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TOROS:
Seis toros de Dolores
Aguirre, de gran remate, ofensivos, bien hechos, en
tipo. 570 kilos de promedio. Muy poderosa, la
corrida se movió con potencia. El sexto fue muy
completo. Noble el tercero, que se empleó con
bondad. Con temple el segundo, que se rajó al final.
Agresivo el primero; machacado en varas un cuarto
que se apoyó en las manos; se vino abajo el quinto y
se echó y rajó.
ESPADAS:
Serafín Marín,
de escarlata y oro, silencio tras un aviso y pitos
tras un aviso.
David Mora, de
palo de rosa y oro, silencio tras un aviso y
saludos.
Joselillo, de
carmín y oro, una oreja y saludos tras dos avisos.
INCIDENCIAS
Saludó en banderillas
Félix Jesús Rodríguez. Picó bien al sexto Pedro
Iturralde. Dos toros de muy buena nota, un conjunto
de espectacular personalidad y dos faenas de alto
voltaje del torero de Valladolid que otra vez cambió
la puerta grande por dos avisos.
José
Miguel Pérez 'Joselillo'
ha ingresado en el Hospital Virgen del Camino de
Pamplona donde, tras realizarle estudios
radiológicos, le han confirmado la fractura de dos
costillas producidas por la fuerte voltereta que le
propinó el sexto toro de la tarde..
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Joselillo a merced del toro - Foto: Burladero.com
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Ésta fue la
mejor de
cuantas
corridas
lleva
jugadas en
Pamplona
Dolores
Aguirre.
Diez o doce.
La cita de
sanfermines
y en sábado
es fija y
fiel. La
corrida fue
una
hermosura.
Dos toros de
espectacular
artillería:
el primero,
veleto,
cornipaso; y
el tercero,
remangado,
moñudo, muy
astifino.
Tres más de
pedregoso
cuajo y
despampanante
remate: los
tres
últimos. El
sexto, un
Cantinillo
de 625
kilos, negro
burraco, era
de
colección. Y
también un
quinto de
formidable
eslora.
Demasiado
alto de
agujas, algo
zancudo, el
cuarto salió
menos
goloso. Con
530 kilos de
peso
oficial, el
segundo tuvo
trapío y
respeto
sobrados.
Como de
costumbre,
fue corrida
poderosa:
potente en
la pelea con
los
caballos, de
donde
salieron
todos bien
zurrados y,
en el caso
del cuarto,
excesivamente
sangrados.
Cuatro varas
cobró ese
toro y las
cuatro,
castigo
implacable.
El sexto se
entregó en
un primer
puyazo
interminable.
Tan largo
que tuvo
hasta cuatro
fases:
carga,
recargas,
una ligera
renuncia,
suelto el
final. Pero
una vara
memorable
que cobró
con valor y
tino un
picador
vallisoletano
de apellido
navarro:
Pedro
Iturralde.
La movilidad
fue nota
común. No el
moverse sin
brújula que
aqueja a los
toros que se
resienten
del
encierro.
Sino
prontitud.
No escarbó,
salvo el
primero,
ningún toro,
atacaron
todos.
Ninguno
salió mirón
ni
levantisco
ni buscón.
La corrida
pesó: o sea,
hubo que
tragar con
ella y su
casta. Hubo
borrón y
medio:
echarse el
quinto
después de
rajarse;
pararse con
freno de
mano del
cuarto, tan
atizado en
varas. Pero
hubo dos
toros de
llamativa
nobleza, muy
vibrante son
y caro
empleo por
las dos
manos. Los
dos del lote
de Joselillo.
Tercero y
sexto. Hubo,
además, un
belicoso
primer toro,
que con su
gota fiera y
sus
vaivenes,
estuvo en
alerta
constante. Y
un segundo,
que, pese a
abrirse de
más y buscar
al final las
tablas con
la boca
abierta,
sacó
templado
son.
Con tanto
toro en
escena, el
espectáculo
fue
soberbio.
Joselillo le
cortó una
oreja al
buen tercero
y, cuando
iba a
cortarle las
dos al
sexto, salió
cogido,
pisoteado,
volteado y
apaleado en
un adorno
previo a la
igualada.
Templado,
firme en
embroques de
aliento,
Joselillo se
trajo al
toro de
largo por
las dos
manos, y por
abajo. Más
embraguetado
por la
derecha, más
despegadito
por la
izquierda.
Por las dos
ligó con
soltura. En
generosas
tandas, sin
prisas ni
tirones ni
pisotones.
Una apertura
de faena de
rodillas y
en los
medios fue
la espoleta.
Se incendió
el ambiente
de sol, que
el que
vuelca la
voluntad
toda de la
plaza. Antes
de plantarse
en la
tercera
tanda, ya
estaban
rotos de
euforia los
coros del
“¡Oé, oé, oé...!”,
un novedoso
“¡Jo-se-li-llo,
illo-illo-illo...!”
muy bien
fraseado y
el grito de
más aliento:
el que canta
el óle por
tiempos a
medida que
el toro se
arranca y
hasta el
final de
viaje y
embroque. “¡Ooooooo....lé!”.
Joselillo se
vino arriba
sin perder
los nervios,
se desplantó
con más
donaire que
seguridad
cuando tocó
cortar tanda
porque al
aire ya no
daba y
prodigó los
brindis al
sol. Que iba
por ellos.
La faena fue
un chorro.
Como la
entrega del
toro. Y de
la inmensa
mayoría.
Después de
la paliza,
cambió el
signo casi
radicalmente.
Nervioso
ahora, y
dolido de
todo –pecho,
espaldas,
cuello,
brazos y
piernas-,
Joselillo no
encontró la
manera de
pasar con la
espada. Un
pinchazo
soltando el
engaño,
otro, media
trasera y
tendida,
fallos con
el
descabello,
dos avisos,
el toro en
tablas y ya
defendiéndose.
Y casi se
repite la
historia de
hace un año.
Un toro de
Dolores y
Joselillo
cambiando
entonces una
salida a
hombros por
tres avisos.
Del delirio
a la
desolación
en corto
viaje de
poco más de
tres
minutos:
cosas que
sólo pasan
en una
corrida de
toros. En
Pamplona
parece un
viaje en
montaña
rusa.
Al buen
tercero de
la tarde lo
manejó
Joselillo
con fe,
asiento,
seguridad y
temple:
tandas
cumplidas
por las dos
manos,
despaciosas,
la mano
baja, ni un
enganchón,
colocación,
toques
precisos. Y
en los
medios de
principio a
fin sin
cansarse.
Una estocada
desprendida
sin hacerse
esperar.
Estupendamente.
Serafín
Marín
pareció
desalentado.
Justas las
ideas para
enredarse
con el
primero, que
tuvo que
torear pero
fue toro de
mucho
moverse.
Frenándose a
destiempo,
escarbó al
cabo, pero
no fue de
aburrirse.
Con el
cuarto, el
peor de la
corrida, sí
se aburrió
el torero de
Moncada. El
debut de
David Mora
en Pamplona
estuvo a
punto de ser
trágico,
porque el
primer toro
que mataba
aquí le pegó
un porrazo
brutal en el
saludo a
porta gayola
con larga de
rodillas.
Repuesto mal
que bien,
David se
empeñó con
el toro en
faena de
excelentes
comienzos
–dos tandas
en redondo
muy bien
dibujadas
tras una
escandalosa
apertura por
alto en el
estribo-
pero
excesivamente
larga, y
desinflada,
y rematada
de bajonazo.
Al bondadoso
quinto le
pegó lances
de garbo y
muletazos
muy
encajados.
Pero no
acertó a
sujetarlo en
la muleta
con toques.
El toro
decidió
irse. Gustó
el torero.
No es fácil
andar tan
seguro en
debut de
tanto
compromiso.
(COLPISA,
Barquerito).
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