CRÓNICA DEL FESTEJO

 

Pamplona  - 7ª de feria - 11 julio 2009 -

Despampanante corrida de Dolores, éxito de Joselillo.

FICHA DEL FESTEJO

TOROS:

Seis toros de Dolores Aguirre, de gran remate, ofensivos, bien hechos, en tipo. 570 kilos de promedio. Muy poderosa, la corrida se movió con potencia. El sexto fue muy completo. Noble el tercero, que se empleó con bondad. Con temple el segundo, que se rajó al final. Agresivo el primero; machacado en varas un cuarto que se apoyó en las manos; se vino abajo el quinto y se echó y rajó.


ESPADAS:

Serafín Marín, de escarlata y oro, silencio tras un aviso y pitos tras un aviso.

David Mora, de palo de rosa y oro, silencio tras un aviso y saludos.

Joselillo, de carmín y oro, una oreja y saludos tras dos avisos.

INCIDENCIAS

Saludó en banderillas Félix Jesús Rodríguez. Picó bien al sexto Pedro Iturralde. Dos toros de muy buena nota, un conjunto de espectacular personalidad y dos faenas de alto voltaje del torero de Valladolid que otra vez cambió la puerta grande por dos avisos.

José Miguel Pérez 'Joselillo' ha ingresado en el Hospital Virgen del Camino de Pamplona donde, tras realizarle estudios radiológicos, le han confirmado la fractura de dos costillas producidas por la fuerte voltereta que le propinó el sexto toro de la tarde..
 


Joselillo a merced del toro - Foto: Burladero.com

Ésta fue la mejor de cuantas corridas lleva jugadas en Pamplona Dolores Aguirre. Diez o doce. La cita de sanfermines y en sábado es fija y fiel. La corrida fue una hermosura. Dos toros de espectacular artillería: el primero, veleto, cornipaso; y el tercero, remangado, moñudo, muy astifino. Tres más de pedregoso cuajo y despampanante remate: los tres últimos. El sexto, un Cantinillo de 625 kilos, negro burraco, era de colección. Y también un quinto de formidable eslora. Demasiado alto de agujas, algo zancudo, el cuarto salió menos goloso. Con 530 kilos de peso oficial, el segundo tuvo trapío y respeto sobrados.

Como de costumbre, fue corrida poderosa: potente en la pelea con los caballos, de donde salieron todos bien zurrados y, en el caso del cuarto, excesivamente sangrados. Cuatro varas cobró ese toro y las cuatro, castigo implacable. El sexto se entregó en un primer puyazo interminable. Tan largo que tuvo hasta cuatro fases: carga, recargas, una ligera renuncia, suelto el final. Pero una vara memorable que cobró con valor y tino un picador vallisoletano de apellido navarro: Pedro Iturralde.
La movilidad fue nota común. No el moverse sin brújula que aqueja a los toros que se resienten del encierro. Sino prontitud. No escarbó, salvo el primero, ningún toro, atacaron todos. Ninguno salió mirón ni levantisco ni buscón. La corrida pesó: o sea, hubo que tragar con ella y su casta. Hubo borrón y medio: echarse el quinto después de rajarse; pararse con freno de mano del cuarto, tan atizado en varas. Pero hubo dos toros de llamativa nobleza, muy vibrante son y caro empleo por las dos manos. Los dos del lote de Joselillo. Tercero y sexto. Hubo, además, un belicoso primer toro, que con su gota fiera y sus vaivenes, estuvo en alerta constante. Y un segundo, que, pese a abrirse de más y buscar al final las tablas con la boca abierta, sacó templado son.

Con tanto toro en escena, el espectáculo fue soberbio. Joselillo le cortó una oreja al buen tercero y, cuando iba a cortarle las dos al sexto, salió cogido, pisoteado, volteado y apaleado en un adorno previo a la igualada. Templado, firme en embroques de aliento, Joselillo se trajo al toro de largo por las dos manos, y por abajo. Más embraguetado por la derecha, más despegadito por la izquierda. Por las dos ligó con soltura. En generosas tandas, sin prisas ni tirones ni pisotones.

Una apertura de faena de rodillas y en los medios fue la espoleta. Se incendió el ambiente de sol, que el que vuelca la voluntad toda de la plaza. Antes de plantarse en la tercera tanda, ya estaban rotos de euforia los coros del “¡Oé, oé, oé...!”, un novedoso “¡Jo-se-li-llo, illo-illo-illo...!” muy bien fraseado y el grito de más aliento: el que canta el óle por tiempos a medida que el toro se arranca y hasta el final de viaje y embroque. “¡Ooooooo....lé!”.
Joselillo se vino arriba sin perder los nervios, se desplantó con más donaire que seguridad cuando tocó cortar tanda porque al aire ya no daba y prodigó los brindis al sol. Que iba por ellos. La faena fue un chorro. Como la entrega del toro. Y de la inmensa mayoría. Después de la paliza, cambió el signo casi radicalmente. Nervioso ahora, y dolido de todo –pecho, espaldas, cuello, brazos y piernas-, Joselillo no encontró la manera de pasar con la espada. Un pinchazo soltando el engaño, otro, media trasera y tendida, fallos con el descabello, dos avisos, el toro en tablas y ya defendiéndose. Y casi se repite la historia de hace un año. Un toro de Dolores y Joselillo cambiando entonces una salida a hombros por tres avisos. Del delirio a la desolación en corto viaje de poco más de tres minutos: cosas que sólo pasan en una corrida de toros. En Pamplona parece un viaje en montaña rusa.
Al buen tercero de la tarde lo manejó Joselillo con fe, asiento, seguridad y temple: tandas cumplidas por las dos manos, despaciosas, la mano baja, ni un enganchón, colocación, toques precisos. Y en los medios de principio a fin sin cansarse. Una estocada desprendida sin hacerse esperar. Estupendamente.

Serafín Marín pareció desalentado. Justas las ideas para enredarse con el primero, que tuvo que torear pero fue toro de mucho moverse. Frenándose a destiempo, escarbó al cabo, pero no fue de aburrirse. Con el cuarto, el peor de la corrida, sí se aburrió el torero de Moncada. El debut de David Mora en Pamplona estuvo a punto de ser trágico, porque el primer toro que mataba aquí le pegó un porrazo brutal en el saludo a porta gayola con larga de rodillas. Repuesto mal que bien, David se empeñó con el toro en faena de excelentes comienzos –dos tandas en redondo muy bien dibujadas tras una escandalosa apertura por alto en el estribo- pero excesivamente larga, y desinflada, y rematada de bajonazo. Al bondadoso quinto le pegó lances de garbo y muletazos muy encajados. Pero no acertó a sujetarlo en la muleta con toques. El toro decidió irse. Gustó el torero. No es fácil andar tan seguro en debut de tanto compromiso.
 

(COLPISA, Barquerito).

 

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