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FICHA DEL FESTEJO |
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TOROS:
Seis
toros de Torrestrella (Álvaro Domecq Romero).
Corrida bien armada, llamativamente descolgada de
carnes. De buen cuajo los cuatro últimos. El
tercero, castigado en varas, fue el de mejor son. El
sexto, que blandeó en el caballo, el de más viveza.
Manejables los demás: un primero llorón y de justo
fuelle; un segundo mugidor; un cuarto aplomado: y un
quinto que gateó de salida y protestó en la corta
distancia.
ESPADAS:
Matías Tejela,
de perla y plata, ovación y silencio.
Daniel Luque,
de verde manzana y oro, ovación y silencio.
Rubén Pinar,
que sustituyó a Luis Bolívar, de salmón y oro,
ovación y silencio tras dos avisos.
INCIDENCIAS
8ª de
las Corridas Generales. Veraniego. Más de media
plaza. Interesante debut del joven torero de
Albacete en Bilbao. El cartel joven de la Semana
Grande con una corrida atípica de Torrestrella.
Inapetente Tejela, oscuro Daniel Luque
Vibrantes banderillas de Curro Robles en el quinto
toro.
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El toro que
rompió plaza parecía
más la raspa de la
sardina que la
sardina entera.
Parecía. Porque
tenía sus dos palas
y sus dos temibles
puntas. Como
colmillos de
tiburón. Negro
listón, muy vareado.
Como les pasa a
tantos toros movidos
en el campo para
perder grasas antes
de embarque y viaje,
dio la impresión de
toro mal comido. Y
era probablemente
todo lo contrario.
Sólo que, después de
pelear en el caballo
con sólo un pitón, y
con el cuello más
que con los riñones,
se quedó sin
gasolina.
Fue muy llorón. De
mugir. Pero de suave
son. Corto el viaje,
pero seguro, fijo.
No terminó de
animarse ni de
ponerse ni de
apostar Matías
Tejela. Ni tomó
precauciones
tampoco. Encajado
pero al hilo del
pitón, donde no se
sintió provocado el
toro. Sí pegó Tejela
voces, y se oyeron.
Una faena machacona.
Uno de pecho
obligado –es decir,
improvisado para
librar un ataque no
gobernado- fue el
gran detalle. La
resolución y el
dibujo de ese pase
obligado se adivinó
ese privilegiado
sentido para
componer que tiene
Tejela. Media
estocada trasera y
tendida. Defectuosa,
por tanto. Pero
bastó.
El segundo,
cinqueño, bizarro
cuervito de amplio
balcón, se empleó en
el caballo sin
romperse, galopó en
banderillas y se
estuvo en la muleta.
Fue también toro
llorón. Sólo en una
distancia, muy
justita, probó
fortuna Daniel
Luque. Un casi
brillante arranque
por banderas. Una
firme tanda en
redondo. Y casi más
nada. De uno en uno
los muletazos de
prueba con la zurda.
Fuera de cacho los
intentos siguientes
ya a toro parado. Un
par de circulares. Y
una estocada baja.
Retinto, o
albardado, el
tercero, sacó desde
el principio mejor
son que los dos
primeros. Más
alegría, claridad,
hasta un galope. Una
bonita pelea en el
caballo, pero el
caballo se columpió
más de la cuenta y
no pudo soltarse el
toro. Fue el toro
del debut en Bilbao
de Rubén Pinar. Un
debut accidental: la
sustitución de Luis
Bolívar. Airoso y
fácil Rubén con el
capote. En el saludo
y en un quite por
chicuelinas. Airosa
también una seria
faena de mucha
seguridad. De mano
baja aunque con
muleta de tan poco
vuelo que el toro
estaba ya molido a
la segunda tanda.
Rendido a la
tercera. Las ideas
se fueron apagando
al mismo tiempo que
el toro. Un bonito
desplante como
rúbrica. Un pinchazo
y, a paso de
banderillas, una
estocada tendida.
En común tuvieron
las tres primeras
faenas una armadura
convencional: la
puesta en práctica
del torear sin
pensarlo del todo.
Pinar fue el más
cerebral de los
tres. El de más
encaje. Y lo iba a
demostrar con el
sexto de la corrida,
al que metió en los
engaños con
interesante
gobierno. La gente
esperaba de Daniel
Luque algo más que
muletazos sueltos de
buen trazo. Tejela,
aunque de natural
irregular, es torero
más sabido. Casi de
otra generación
anterior. Este fue
el cartel de jóvenes
de la Semana Grande.
También de la
corrida de
Torrestrella se
esperaba mayor motor
y bastante más
presencia, motor,
fondo y carácter.
Los tres últimos se
avinieron en cuajo a
las expectativas. No
apareció, sin
embargo, ese toro de
Bilbao tan de toda
la vida que el
difunto don Álvaro
Domecq se guardaba
por medias docenas
en la recámara para
esta larga semana de
agosto.
Largo y ensillado,
el cuarto fue toro
serio pero
excesivamente
sacudido. Descolgó
enseguida, pero no
tuvo ni ritmo ni
viaje. Sí apagada
nobleza. Muchas
líneas tiró Tejela
con él. Faena de era
trillada. Se cansó
el torero de Alcalá
enseguida. Una
estocada
desprendida.
El quinto, el
clásico burraco tan
propio de la
ganadería, fue el
más serio de los
seis. Por carnes y
pechos. Por alzada.
Porque fue corto de
manos. Y muy llorón.
Su gateo de salida,
casi un trote, fue
inquietante. Señal
de fondo fiero.
Crujieron al toro en
tres varas. Curro
Robles prendió dos
pares de banderillas
muy rapidillos pero
muy valientes, y
bien reunidos, y la
gente se sacudió lo
que, a esas alturas
del combate,
empezaba a ser un
notable tostón.
Porque parecía que
no querían pelear
las partes. Luque no
se dio ninguna coba
con ese quinto toro.
Muy encima de él se
sintió más
tranquilo. Y al hilo
del pitón, también.
La cosa ni rompió ni
llegó a ponerse en
marcha siquiera.
Algún muletazo con
sacacorchos. Dos
pinchazos y una
estocada.
Moñudo, astifino, la
cuerna en tubular
como algunos de esos
toros que en tiempo
brotaban donde
Samuel Flores, el
sexto fue toro con
plaza. Y con pies.
Con genio. Zurció a
cornadas el primer
burladero donde lo
llamaron. Y la
emprendió a porrazos
con el peto de uno
de los caballos de
pica. Se dolió de
blando: protestó al
castigo sin
crecerse. Trallazos,
la cara arriba. Pero
de pronto estaba
despabilado el toro.
Y se movió, pegando
al principio muchos
taponazos, rompiendo
con brusquedad,
incluso buscando de
manso el menor hueco
en cuanto se lo
abrió Pinar. Pero
pudo con el toro
Rubén. Muy paciente,
lo fue sometiendo. Y
de pronto había
dejado el toro de
arrear. Detalle de
torero poderoso.
Pero no contó.
Porque es manera de
dominar no fue para
la galería. Y
porque, después de
una estocada
defectuosa, y al
cabo de largo
trasteo, se encogió
el toro sin
descubrirse. Siete
descabellos, dos
avisos. Esfuerzo sin
recompensa.
Colpisa -
Barquerito
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