CRÓNICA DEL FESTEJO

 

Bilbao - 20 Agosto 2009 -

Joselito, serio ganadero

FICHA DEL FESTEJO

TOROS:

Seis toros de José Miguel Arroyo (Joselito). Tres con el hierro de Toros de La Reina –1º, 2º y 6º- y los otros tres con el de Toros del Tajo. Seria corrida de variado remate. El sexto, muy descarado y astifino, fue de particular trapío. Cumplieron en el caballo los seis. Segundo y quinto, muy castigados. Bravo el tercero, de vivo motor. Muy noble el estrepitoso sexto. Manejables primero y cuarto, que no rompieron. Bondadoso el aplomado quinto. No pudo verse el segundo.


ESPADAS:

Enrique Ponce, de plomo y oro, ovación tras un aviso y vuelta tras un aviso,

Morante, de trufa y blanco, pitos y silencio tras un aviso.

El Cid, de caramelo y oro, silencio y ovación.

INCIDENCIAS

6ª de las Corridas Generales. Casi lleno. Templado. Chirimiri en los dos últimos toros. Interesante debut en Vista Alegre de sus dos hierros de encaste Domecq. Lote importante para un discreto Cid. Travesuras de Morante. Ponce en versión pegapases




 

Compareció Morante en la segunda de sus dos tardes de contrato. Hizo un esfuerzo. No estaba en su mejor condición. Morante se tomó para empezar una discutible licencia: la de quitarse de en medio sin contemplaciones al primero de los dos toros de lote. Le pegó seis mimosos lances de salida y abrochó con media. El toro desmontó casi a saco a un picador mal sujeto. No se dio ni por enterado el caballo.
Por si acaso, Morante pidió la carne bien pasada. Le pegaron al toro dos puyazos sañudos. Y se paró. Morante ni se escondió ni se puso. Antes de soltarse ese toro le tocaron con fuerza las palmas. El coro cambió de signo en cuanto se adivinaron las intenciones de Morante. No eran otras que las de esperar a mejor ocasión.
La ocasión fue el quinto de corrida. De quien estaba pendiente la gente era de Morante y pasó que, antes de soltarse el toro, se dejó sentir una singular división de opiniones. Morante tomó una decisión sorprendente: descalzarse. Y descalzo estuvo hasta casi el final. Sólo segundos antes de que el toro doblara se hizo calzar Morante por uno de su cuadrilla. Caprichos.
Morante le puso firma y rúbrica a los que iban a ser pasajes más felices de la tarde. Casi los únicos. Amplio galán fue ese quinto de corrida, que se vino despacito. Ni al paso ni al trote. Con dormida fijeza. Morante le pegó en el saludo un sorprendente capotazo a cámara lenta. Cuando el toro se acordó de volver, tres o cuatro más. Casi todos enganchados, pero de primoroso embroque. Media muy rigurosa. Y un cuarto de media más para abrochar. Como cuarto y mitad.
El toro metió los riñones en la primera vara y se fue suelto de la segunda. Distraidito, perdió la mirada más de una vez. Llegó a volver grupas cuando Morante amagó con un quite. Pese a sus distracciones esporádicas, era de prístina bondad. Dos veces enterró los pitones en sólo los cuatro primeros muletazos de Morante. De los de acá para allá pero de empastado dibujo, cargada la suerte. Lo vio fácil Morante. Estuvo encajado ya de entonces en adelante. Encajadito pero cojeando. No fue cojera fingida. Quien haya visto a Morante caminar alguna vez reconocía el paso cambiado y su irregular apoyo.
Irregular también un trasteo que tuvo, por contraste con el resto de corrida, la impagable chispa de la improvisación. Imaginación, soltura. Regusto cascabelero. Otra música. Muchos enganchones en los muletazos en línea. Rumbo en los bien dibujados. Garbo en los remates. Dos tandas largas con la derecha, ligadas a pesar de los tropezones. Muy despacito embistió el toro. Muy calmoso Morante. Tanta la calma que estuvo a punto de pisarse la muleta en la salida de remate. Un desarme cuando el toro, demasiado sangrado, protestó. Dos pinchazos, una estocada, un aviso. No quiso Morante salir a saludar. Que otra vez. El año que viene.
Pese al aviso, las apariciones de Morante en escena fueron las mínimas. Y, sin embargo, cada vez que salió les robó la escena a los demás. No a todos. Fuera de escena estaba el ganadero. El Joselito moderno. Y, en primer plano, una señora corrida de toros. Con todos sus atributos. Joselito había avisado que su debut en Bilbao iba en serio. Le asustaba tan sólo la posibilidad de un fracaso. Y no.
De generoso y variado escaparate los seis toros, que no recibieron en varas trato de favor. De estirpes distintas. Un encastado tercero, que tuvo motor, correa y ganas. Chorreado en verdugo, el trapío justo, muy finas las puntas. Fue toro de prontos ataques y a El Cid le costó sujetarse, pararse, ponerse y embrocarse. Se puso la gente de parte del toro. Sin embargo, el toro que marcó el estreno del hierro de Toros de la Reina fue un sexto de impresionante arboladura. 540 kilos puestos en su sitio. Y esa cara infinita. Joselito había advertido de que venía un toro con el que iba a costar estar delante. Era ése. Pues con ése se aguantó El Cid más que con ninguno de los tres que llevaba matados en Bilbao esta semana. El toro tuvo fijeza y bondad, justas las fuerzas. Pero había que dejarlo pasar. Se hizo de ánimo El Cid. No redondeó una sola tanda. Abusó de los remates de cambiados en cadena. Del pico de la muleta también. Pero la cosa tuvo su pequeña prestancia. Sólo que El Cid atravesó al toro con la espada y le hizo guardia.
Ponce les pegó a los dos suyos capotazos sin cuento. El primero llegó a descolgar antes de varas y a apretar con fijeza en la segunda. Entre una y otra Ponce siguió echándole el capote al toro pero sin embrocarse. Todavía hubo dos tandas cautelares de muletazos antes de estirarse Ponce. Y entonces ya casi no quedaba toro. Muy farragosa una faena enladrillada que se fue repitiendo en pautas previsibles: pausas, paseos, muletazos sueltos. Larguísimo. Dos pinchazos, media trasera. Ponce salió a saludar sin ser reclamado. Se prodigó en reverencias que ya son parte de su repertorio. Kilométrico fue el trasteo con el cuarto, que llegó sobadísimo a la muleta. Ponce brindó ceremoniosamente al público y al toro le perdió por sistema pasos. Le pegó más de un tirón. Unos setenta muletazos. Ni las musas ni el temple. Dos pinchazos, una estocada, otro aviso. Uno de la cuadrilla le animó a dar la vuelta al ruedo. Y se la dio. Sin ningún pudor.
 

 

Colpisa - Barquerito
 

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