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FICHA DEL FESTEJO |
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TOROS:
Cinco
toros de El Ventorrillo y uno de Ortigao Costa, que
se jugó de primero y salió manejable. La corrida de
El Ventorrillo, bien hecha, dio buen juego.
Excelentes segundo y quinto. Venido arriba el
cuarto, que, picado atrás, atacó con velocidad y sin
descolgar. Muy bondadosos tercero y sexto.
ESPADAS:
Enrique Ponce, de gris plomo y
oro, ovación y una oreja.
Torres Jerez, oreja en cada toro con dos vueltas al ruedo en
el quinto.
Cayetano, silencio en los dos.
INCIDENCIAS
3ª de
feria. Caluroso. Tres cuartos de plaza. Notable con
capote y banderillas Carretero. Los dos en el lote
de Torres Jerez, el torero almeriense emparedado
entre Ponce y Cayetano. Más voluntarioso que rotundo
Torres. Una oreja por toro. La gente con él
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Salió buena y
propicia la corrida
de El Ventorrillo.
Pero no salió ni
entera ni toda ella
brava de las de
colgarse medallas.
Un toro se quedó en
la aduana. Sólo
cinco en juego. Y el
que menos parecía
por la traza
–inmenso el lomo
ensillado,
encabalgados cuello
y morrillo- fue el
toro de la corrida.
El quinto. Castaño
albardado, largo,
ancho, poca cara. De
son espléndido.
Resistió dos
estrellones de los
que estampan a los
toros contra los
burladeros. Sin
querer o queriendo.
Sobrevivió a dos
volatines completos.
De los que parten a
los toros el cuello.
No a éste, que lo
tenía a prueba de
bomba como los
luchadores de catch.
Noble, el toro se
estiró. Con
impensable
elegancia. De fijeza
nada común.
También el segundo,
bajito de agujas,
terciado y negro
listón, fue toro de
mucho corazón.
Venido arriba, atacó
sin pereza. No lo
menguó ni un volatín
idéntico a
cualquiera de los
dos cobrados por el
soberbio quinto. Los
dos toros del premio
gordo se los llevó
el convidado de
piedra de este
primer cartel mayor
de la semana, que
era uno de los
toreros de la
tierra: Torres
Jerez. ¿Voluntad?
Toda. O sea, querer
y querer. Pero sin
redondear en tan
mayúscula
oportunidad.
Una notable tanda de
redondos de rodillas
para abrir tanda con
el segundo, el
encaje en el saludo
de capa, dos tandas
bien puestas con la
izquierda con el
quinto. Pero faltó
entrega para
cruzarse, aguantar
en serio las
repeticiones de los
dos toros del
regalo. Tandas de
redondo ligados en
falso: el toreo en
rueda, que siempre
se celebra y jalea.
Intentos de
circulares
cambiados. Una
estocada ladeada y
otra que acabó con
el toro patas
arriba. Con fe las
dos. Cosecha menor.
Dos orejas. Se pidió
la segunda del
quinto toro. No
procedía.
Cosas muy bonitas
Los dos toros de
Cayetano se dejaron
bien y Cayetano
firmó cosas muy
bonitas. Pero dentro
de dos faenas de
rara estructura. Por
falta de hilván. Un
tercero que se fue
apagandito. Y un
sexto de muchas
carnes, acapachado,
con querencia a
chiqueros, entre
rajado y seguro.
Cayetano toreó de
capa con compás,
soltando mucho al
toro, sin obligarlo.
Compuesta la figura
con elegancia. Una
larga soberbia en el
remate del saludo
del sexto. Toreo por
alto en banderas
encajadas. O, por
alto también y
cargando la suerte,
en el inesperado
remate de faena al
sexto, que, en una
de sus rajadas
últimas sin
brújulas, parecía
perdido bajo los
focos. A ese último
toro se lo pasó muy
despegado pero
templadamente. Buen
gusto frágil. No le
ligó al tercero con
la izquierda. Sí con
la diestra. Tan solo
una tanda de cierto
primor. Ni pasó ni
acertó con la
espada. Sintió el
apoyo de sus fieles.
Ponce, afanoso con
el capote en sus dos
turnos, se vio
sorprendido por la
velocidad escopetada
del cuarto al tomar
la muleta. Se lo
esperaría con menos
motor. A la misma
velocidad fue un
trasteo de rigurosa
letanía apenas
aliviada por
molinetes recostados
o algún cambio de
mano ligado con el
cambiado que larga
el toro por delante.
El remiendo de los
Costa –sangre de El
Torreón- no fue toro
de darse de golpe
sino de pegar golpes
al rematar viaje. Y
escarbó. Un ten con
ten con amo, que fue
Ponce. Pero sin
espíritu. Una
estocada en los
bajos para acabar
con el Costa. Entera
con desarme después.
Colpisa -
Barquerito
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