
Toros en El Puerto
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Hasta nosotros mismos, los periodistas
taurinos de Sevilla, andábamos
preguntándole a los compañeros que
llegan estos días desde Madrid que si
tan bueno había sido
lo
de Talavante en Las Ventas como para ese
eco nacional de su puerta grande. En mi
caso le pregunté por Talavante a Nacho
'Barquerito', mi vecino de localidad en
las incómodas gradas de la Maestranza,
justo detrás del pasillo malvendido como
Fila 1. Yo sólo había visto a Talavante
en agosto pasado en las Colombinas y me
impresionó: en positivo por su valor y
el sentido de su toreo al natural, y
en negativo por lo mal que manejaba la
espada. Después lo he vuelto a ver
en su dubitativo inicio de temporada en
Olivenza. Y por fin se me ha despejado
las dudas en Sevilla esta tarde. Tras
menos de un año de alternativa y a sus
19 años está llamado a ser uno de los
toreros de arriba, imprescindible en las
ferias.
Mi reflexión de hoy viene a cuento de
ese triunfo reciente, el Domingo de
Resurrección, de Talavante en Madrid.
Siempre se ha querido plantear una
rivalidad entre Madrid y Sevilla: que si
una es más importante que otra, que si
Madrid pone al torero en dinero pero
Sevilla es la que le da categoría,...
Bien es cierto que en ocasiones, toreros
nuevos que han venido a Sevilla no han
querido ir, un mes después, a Madrid.
Sevilla, quizá, sea más sensible y menos
'dura'. Por eso, cuando un torero
triunfa en Sevilla, tiene cierto temor a
que días después en el patio de
cuadrillas de Madrid le recuerden antes
de hacer el paseíllo: "¡Que esto no es
Sevilla!". Al contrario supongo que
también ocurrirá. Pero la realidad de
hoy, por ejemplo, demuestra que no es
así, que no se le pidé el carnet a
nadie. A Talavante, triunfador en Madrid
recientemente, no se le miró con
prejuicio por haber triunfado en Las
Ventas. Y estoy comvencido de que al
contrario, un triunfador de Sevilla,
también triunfaría en Madrid sin
prejuicios graves. Lo que importa es lo
que haga el torero en el ruedo, los
argumentos de su muleta y espada. Aquí
no se le pide el carnet a nadie. Entre
otras cosas, porque el arte de torear no
tiene carnet. El toreo -el bueno- es,
afortunadamente, universal.
Francisco Mateos |
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