La tarde parecía escrita
sólo para El Cid,
que lleva ya cuatro
Puerta del Príncipe en
su esportón, tres de
ellas -y no dos- con los
toros de Victorino
Martín, porque
recuérdese que la
corrida en solitario del
pasado septiembre en la
Maestranza se saldó con
otra Puerta del
Príncipe, en gran medida
por las dos orejas que
le cortó a un toro de
Victorino. Pero quiero
acordarme de los otros
dos toreros del cartel.
Porque la memoria muchas
veces es frágil y no hay
nada más injusto que el
olvido. Lo de Pepín
Liria es para
enmarcarlo. Que un
torero como Liria, con
lo que lleva ya tragado
durante tantos años, que
está de vuelta ya de
todo, cruce el albero
para recibir a todo un 'victorino'
a portagayola en los
toriles de la
Maestranza, eso es para
reconocerlo y quitarse
el sombrero. Y lo mismo
de Salvador Cortés,
que si bien ha estado
más espeso de lo que
cabía esperar en él, no
seamos frágiles de
memoria y recordemos que
lleva dos años
triunfando a lo grande
en Sevilla, y más aún el
año pasado con el
histórico triunfo de las
cuatro orejas en dos
toros.
Y quiero recordar a
estos dos toreros porque
ninguno de los dos, pese
a haber gozado de sus
respectivas Puerta del
Príncipe, han tenido el
honor y la justa
recompensa de romper
paseíllo un Domingo de
Resurrección en Sevilla.
Es más, si los llega a
anunciar Canorea se
monta una huelga general
taurina por los
aficionados más
trasnochados.
Precisamente por eso,
porque lo difícil no es
llegar, sino mantenerse,
es por lo que cobra
mayor importancia la
carrera en estas últimas
temporadas de El Cid.
Una Puerta del Príncipe
nunca es prueba de una
casualidad; cuatro menos
aún.
Francisco Mateos
19 abril 2007
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