La
segunda novillada del VII Encuentro Andaluz de Escuelas de
Tauromaquia que se está desarrollando en Los Barrios ha
ofrecido un buen nivel de los alumnos de término medio.
Varios de los alumnos han demostrado poseer buenas
cualidades para poder desarrollarlas bajo su propia
personalidad pero con la técnica de asimilación y
aprendizaje que ponen a su disposición los profesores de los
centros taurinos andaluces. Para ello también fue importante
el buen juego de los erales de Manolo González, cuajadito en
casi utreros ya.
Abrió el
festejo Miguel Escot, de Jerez, que pese a su voluntad y
entrega, no pudo destacar especialmente en esta ocasión. Le
siguió una de las sorpresas de la novillada matinal, la de
la novillero Vanessa Montoya, adscrita a la escuela
sevillana de Carmona, aunque vino 'arropada' por la casa
Ojeda, que parece que medio la apodera. Es un caso curioso
porque esta chiquita tan pronto destaca como después se le
pierde la pista y apenas torea. En Los Barrios se ha
destapado con un toreo de arte, gitano como ella, con temple
y gusto tanto en el capote como en la muleta. Encantó su
forma de abrirse de capa y después la faena mantuvo el buen
nivel, con muletazos realmente importantes, cargados de
estética y profundidad. Fallló con la espada y por eso en
vez del rabo se quedó sólo con una oreja. A ver si se decide
del todo y sigue entregada a su profesión con mayor
regularidad.
Manuel
Fernández, de Espartinas, alentado desde el callejón
oportunamente por su profesor Espartaco padre, demostró
firmeza y mucho oficio, casi cuajado ya en este escalafón,
pero sus buenas maneras no tuvieron la colaboración
necesaria en un novillo soso y con poca transmisión. Alfonso
Robles, de Jaén, toreó de forma desigual. Le faltó
continuidad a la faena y con la espada anduvo mal. El
extremeño Manuel Larios demostró tener un buen concepto del
toreo, largo y profundo. Quizás fuera el que mejores
muletazos dio, por limpios y profundos, pero quedaron
deslabazados en una faena a la que le faltó mantener el
mismo nivel de calidad. Con la espada pasó un mal trago y se
eternizó.
Cortó
dos orejas Daniel Sotillo, de Écija, en el último de la
mañana, pero no fue ni mucho menos el que mejor toreó,
porque entre otras cosas está aún verdecillo, pero la
estocada fulminante final y su entrega hicieron posible ese
doble premio